domingo, 20 de febrero de 2011

Lo que queda ahora que Zapatero se va

Fuente imagen: www.gregoriogordo.es

No lo ha anunciado, pero cuando lo haga, se llenarán los periódicos, los blogs y las redes sociales de artículos y comentarios, las televisiones y emisoras de radio de opiniones. Yo lo hago ahora, sin ninguna servidumbre que se vea impregnada por la intensidad del momento.


Zapatero ha terminado abrazando una doctrina que no es la suya, pero hay que reconocerle que, mal que le pese a muchos, se está dejando la vida en el intento. Zapatero ha pecado de voluntarista, y ese es el principal defecto que puede acarrear un líder. Si este punto voluntarista que le afloró al presidente una vez ganadas las elecciones generales de 2008, hubiese llegado sin el contexto de crisis financiera e inmobiliaria que nos ha azotado y sigue azotando, seguramente no hubiese sido grave. El caso es que a Zapatero le ha tocado comerse la peor crisis económica que le ha caído a un político en democracia. El estado de voluntarismo transitorio voló por los aires el 12 de mayo de 2010 (accede aquí al discuro íntegro). Ese día, desde la tribuna del Congreso, Zapatero empezó a renunciar a una parte de su ADN político. Tocaba hacerlo, pero las medidas que desgranó en el Congreso fueron las primeras de un grupo mayor. Medidas que, a la sazón y paradójicamente, han sido aplaudidas por gobiernos, organismos financieros internacionales y gran parte del entorno empresarial.



Si revisamos la historia de España del último siglo, podemos confirmar que las principales reformas de calado que hemos tenido en España las han hecho gobiernos de izquierdas, han venido precedidas de mucha tensión social y, a la larga, han acarreado avances, progreso y normalidad social, atributos en los que se han apoyado gobiernos posteriores de distinto signo político y de los que nos hemos beneficiado todos: sufragio universal (proceso iniciado durante el Sexenio Revolucionario del siglo XIX y que se confirmó en 1891), voto femenino (año 1931, durante el primer gobierno provisional de la II República), reconversión industrial (durante la primera legislatura del gobierno presidido por Felipe González) ¿Tendremos que añadir las actuales reformas a esta lista? Lo veremos pasados unos años. Lo que tampoco ha hecho este gobierno (y no lo ha hecho ninguno en los últimos 25 años) ha sido acometer un cambio cultural en lo laboral para convertirnos de una vez por todas en un país que reconozca el talento, que premie la productividad y que no tome la formación como un mero reciclaje, pero a este tema dedicaré una entrada específica en breve.

Pese a todo, la erosión de la imagen de Zapatero y la sensación de legado inconsistente, es directamente proporcional a la ola de desacreditación que sufre el presidente por tierra mar y aire desde numerosos lugares. No hay reunión social que se precie, sin que alguien se desmarque con un comentario crítico a Zapatero. Y yo digo que, al igual que pasó Adolfo Suárez gran parte de su mandato acosado por tirios y troyanos hasta que dimitió en enero de 1981, el tiempo elevará el perfil de la gestión de José Luis Rodríguez Zapatero.

Durante los años ochenta, los niños y adolescentes de entonces, crecíamos mirando con envidia el entorno de derechos sociales en los que se movían, por ejemplo, los ciudadanos de los países nórdicos. Ahora España es un referente mundial y ese legado es del gobierno que ahora empieza a tocar a su fin. Dicho esto, este blog no es un espacio de análisis político, es un blog que trata sobre las percepciones y estas determinan la imagen y el devenir de cualquier figura pública. Zapatero ha acumulado tres grandes errores de gestión:

1. Su línea de colaboradores directos es de buen nivel, especialmente José Enrique Serrano y Bernardino León, pero los principales dislates perceptivos de Zapatero tienen lugar cuando José Andrés Torres Mora se aleja o es alejado de la figura del presidente. Torres Mora, además de ser un brillante profesional y un excelente político, ha sido un hombre esencial durante la línea ascendente de José Luis Rodríguez Zapatero. El fallo esencial: la línea ministerial ha sido de perfil tan bajo, que ha impactado directamente en la percepción neutra o negativa de muchos de los logros impulsados durante la primera y la segunda legislatura.



2. Si la línea ministerial ha tenido un perfil tan bajo, tiene que ver con la gestión de la comunicación. Esta ha sido nefasta, desde el minuto uno de la primera legislatura hasta la eclosión de Rubalcaba hace poco más de tres meses. El gobernante que termine de interiorizar que la comunicación no se gestiona llevándose a periodistas en activo a la secretaría de Estado de Comunicación, sino que la comunicación debe ser una palanca transversal entre ministerios, multidisciplinar y multimedia con capacidad de gestionar momentos, construir grandes oratorias, vender y emocionar, solamente el gobernante que interiorice esto y lo ejecute, hará de su gestión un activo indeleble.



3. No haber logrado mayor consenso entre partidos. En estos tiempos de crisis, el divorcio entre sociedad y políticos se ha agudizado. Hemos pasado momentos en los que la unión de todos los partidos hubiese sido vital para insuflar ánimos, ganar tiempo y ser más eficientes. Este error no es achacable al partido en el gobierno, es achacable a toda la casta política española. Tan es así, que la savia política se ha secado hasta tal punto, que es muy probable que el próximo presidente del gobierno lo sea tras haber realizado una oposición irresponsable, oportunista e involucionista. Nadie duda de que el esfuerzo de consenso político haya existido, pero, como todo, si no se conoce no existe y este esfuerzo le tocaba hacerlo al gobierno.

Dejo para otros foros, lugares y escritos el análisis de las políticas, de la reforma laboral, del rol de la comunicación en la gestión política, del papel de la innovación en el desempeño de gobierno, de la ética del gobernante y de la oposición, del calado real de lo acontecido, de la conexión necesaria entre política, empresa y sindicatos. Lo que queda es mucho y lo que nos queda por delante también.

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