sábado, 27 de octubre de 2012
Información no potable.
La cultura del gratis total es el principal indicador de la forma de entender el mundo que poco a poco se impone en todo el planeta. Es un indicador malo. No seré yo quien glose las enormes ventajas que nos ha proporcionado Internet para acceder a la información y para tener más a mano que nunca ampliar nuestras fronteras de conocimiento. Lo que quiero señalar es que el acceso abierto a todo, repercute en la calidad de la información, que cae en picado con el gratis total.
Al igual que el agua es necesaria para vivir y para ello debe haber pantanos, pozos, manantiales y acuíferos que nos proporcionan agua potable. La utilidad de estos desaparece cuando hay una inundación o una riada. Es en ese momento de exceso de agua cuando su función desaparece porque, paradójicamente, el agua se convierte en no potable. Los pozos se anegan, los ríos y pantanos se desbordan y los acuíferos se enlodan.
El acceso abierto a todos los contenidos es la inundación que está acabando con los pozos necesarios de información de calidad, es lo que está reduciendo a la nada el derecho a la propiedad intelectual, y eso es a la larga dañino para cualquier sociedad.
No podemos ni debemos aceptar como normal que todo es gratis, que lograr la calidad de la información no cuesta nada. De seguir así, progresivamente iremos anulando los anclajes que nos permiten armar criterios sólidos de las cosas y es muy probable que, cuando queramos darnos cuenta, todos los acuíferos de información, todos los pozos de conocimiento, ya no sean potables.
domingo, 23 de septiembre de 2012
La política es necesaria -¡Adiós, imbécil!
Grieta en una roca de granito
Por el título de esta entrada, muchos me enviarían al
infierno.
Podré ir al infierno, pero seguro que en el camino, antes de
que se cerrasen las puertas del averno a mis espaldas, podría mantener con mi
carcelero y verdugo una conversación similar a esta:
A quién se le ocurre escribir en un blog
minoritario una frase tan desafortunada y extemporánea: ¡La política es
necesaria! ¡Con lo que piensa toda la gente de los políticos y de los bancos! ¡Si
tenemos el país como está es por ellos y vas tú y los defiendes!
Son malos tiempos para pedirle a la gente esfuerzos de reflexión. Bueno, miento, son momentos necesarios para ello, pero no hay mucha gente dispuesta a hacerlo. Yo, en mi blog, me limito a escribir del enorme impacto que tienen las percepciones y la comunicación en la manera de configurar la realidad en la que vivimos.
Son malos tiempos para pedirle a la gente esfuerzos de reflexión. Bueno, miento, son momentos necesarios para ello, pero no hay mucha gente dispuesta a hacerlo. Yo, en mi blog, me limito a escribir del enorme impacto que tienen las percepciones y la comunicación en la manera de configurar la realidad en la que vivimos.
¡Ah, claro! Entonces lo que piensa la mayoría no
es válido ¿no? Lo que dicen las encuestas de que la política y la banca son las
dos actividades peor valoradas es mentira ¿No es eso? Y vas tú, con tu blog de
mierda y saltas con la pértiga por encima de todo eso. Típico de tipos como tú.
Mira la calle, las manifestaciones, todo eso.
Mira, en el último paseíto voy a seguir
pareciendo pedante. Verás: El lenguaje tiene tres funciones: la representativa,
la expresiva y la conativa..
¡ Venga tío, no me jodas! Estás a 5 minutos de que te sepultemos y sigues con eso…
¡ Venga tío, no me jodas! Estás a 5 minutos de que te sepultemos y sigues con eso…
…la representativa es la función meramente
informativa, la que da cuenta de la realidad, la que describe los objetos. Con
ella podemos – y hemos podido- describir las faltas y errores que han cometido,
por ejemplo, los políticos.
Suficientes para agrupar todas las pruebas de realidad que son necesarias par
discriminar entre los que lo han hecho bien y los que lo han hecho mal.
Todos son iguales. Está claro que ya a casi
nadie le interesa la política. Es un foco de corrupción y los políticos han
arruinado el país.
Eso que dices es un generalismo y es un claro ejemplo de la función expresiva del lenguaje. Esta función expresiva es emotiva porque exterioriza sentimientos, deseos y frustraciones. Mi punto es este: la función expresiva del lenguaje domina el pensamiento general, vacía de contenido la realidad porque la reduce a lo mínimo, a la generalidad. No acepta el matiz, ni por tanto favorece el debate cívico. Alimenta el ‘todos son malos’ o ‘todos son buenos’ y este es el principal error de estos tiempos. Es cierto que la praxis política ha fallado, pero por mucho que queramos apartar a la política como un ser apestado, nos guste o no, no podemos obviarla. Cualquier solución que haya pasará por un tipo de organización que nos obligará a usar la política como elemento de amortiguación de nuestros impulsos más primarios. Por eso, mi único pero pasa por activar el sentido común, la razón y el esfuerzo para elevarnos sobre la mera función expresiva del lenguaje y dejemos a un lado las frases hechas en las que caben nuestros sentimientos, frases como yo paso de la política, todos los políticos son iguales, es una decisión política y preguntémonos qué parte de culpa tenemos todos en lo que sucede; pensemos que el mundo es complejo per se y que la política siempre nos ha ayudado a gestionar esa complejidad. Por eso, hoy más que nunca es necesario esfuerzo, inteligencia, pensamiento complejo y soluciones arriesgadas. No hay lugar para letanías emotivas que fluyen muy bien en el imaginario colectivo, pero que realmente no conducen a ninguna parte.
Eso que dices es un generalismo y es un claro ejemplo de la función expresiva del lenguaje. Esta función expresiva es emotiva porque exterioriza sentimientos, deseos y frustraciones. Mi punto es este: la función expresiva del lenguaje domina el pensamiento general, vacía de contenido la realidad porque la reduce a lo mínimo, a la generalidad. No acepta el matiz, ni por tanto favorece el debate cívico. Alimenta el ‘todos son malos’ o ‘todos son buenos’ y este es el principal error de estos tiempos. Es cierto que la praxis política ha fallado, pero por mucho que queramos apartar a la política como un ser apestado, nos guste o no, no podemos obviarla. Cualquier solución que haya pasará por un tipo de organización que nos obligará a usar la política como elemento de amortiguación de nuestros impulsos más primarios. Por eso, mi único pero pasa por activar el sentido común, la razón y el esfuerzo para elevarnos sobre la mera función expresiva del lenguaje y dejemos a un lado las frases hechas en las que caben nuestros sentimientos, frases como yo paso de la política, todos los políticos son iguales, es una decisión política y preguntémonos qué parte de culpa tenemos todos en lo que sucede; pensemos que el mundo es complejo per se y que la política siempre nos ha ayudado a gestionar esa complejidad. Por eso, hoy más que nunca es necesario esfuerzo, inteligencia, pensamiento complejo y soluciones arriesgadas. No hay lugar para letanías emotivas que fluyen muy bien en el imaginario colectivo, pero que realmente no conducen a ninguna parte.
¡Vaya! Realmente eso que has dicho es llamativo.
No es más que la tercera función del lenguaje, la apelativa, la que aspira a influir por medio de las palabras en las actitudes, en la conducta y en los pensamientos del interlocutor, la que ha ejercido siempre el buen político, vaya.
No es más que la tercera función del lenguaje, la apelativa, la que aspira a influir por medio de las palabras en las actitudes, en la conducta y en los pensamientos del interlocutor, la que ha ejercido siempre el buen político, vaya.
Muy bien, pero ya hemos llegado. Hasta luego,
machote.
En ese momento, mi acompañante me
empujaría al otro lado de la puerta, la cerraría con un sonoro portazo, echaría
tres vueltas a la pesada cerradura y gritaría desde el otro lado: - ¡Adiós, imbécil!
Vete con tus tonterías al infierno… La función del lenguaje ¡vaya chorrada!
domingo, 9 de septiembre de 2012
Algunas lecturas buenas III
Flor de verano. Foto realizada por Nacho Jiménez en Candeleda, Ávila. Agosto de 2012
Ahora que los niños
empiezan el colegio, cierran las piscinas y los que afortunadamente tienen
trabajo casi todos ocupan sus puestos, podemos dar por finalizado el verano. No ha
terminado el estacional, sino el experiencial, el del disfrute, el de los
tiempos ampliados para el ocio, el del descanso, el de la actividad distinta a
la rutinaria o el de la rutina diferente.
El que esto suscribe debe
subrayar que este verano ha sido excepcional. No solamente por haber podido
descansar lo que necesitaba, deshacer lo aprendido para aprehenderlo de verdad
y dedicarme a hacer muchas de las cosas que el resto del año no he podido hacer, sino porque he podido
vivirlo con lentitud, con parsimonia, con intensidad y con la cadencia justa
para saborearlo con los míos.
En este tiempo, una de las
mejores medicinas es devorar libros. Al igual que hiciera en entradas previas,
dejo algunas referencias destacables de lo que he descubierto o simplmente de
aquello que he recuperado en segundas lecturas y que merece la pena recordar. Disfruten:
Todo a Mil, de Javer Gomá
Lanzón. Se trata de 33 bocaditos de filosofía publicados (salvo dos de ellos)
en el suplemento Babelia de El País. Algunos son tan deliciosos, que será
difícil encontrar a alguien que no coincida en que Gomá Lanzón es hoy uno de
los intelectuales más sólidos que tenemos en España.
Cultura Mainstream, cómo
nacen los fenómenos de masas, de Frédéric Martel. Una interesante investigación
de los templos multinacionales de la industria del ocio: usos, costumbres y
resortes en boca de sus protagonistas.
Selected Essays, de George
Orwell. Una selección publicada en 1957, pero de plena vigencia, especialmente
Politics and the English Language y Shooting an Elephant. Orwell fue tan bueno, que no es de extrañar que lo bárbaros y romanos de los think tanks políticos pujen
por interpretar sus tesis y aprovecharse de ellas.
Esto en cuanto a no
ficción. En ficción, me quedo con el impactante, excelente y gran libro de
Roberto Bolaño, Los Detectives Salvajes. La relectura ha sido una bomba
antiletargo para prevenirme durante todo el año de la mala literatura que se
extiende a lo largo y ancho de las grandes librerías. Bolaño sí, y Murakami
también. El japonés ha sido otro gran compañero de viaje durante estos días. Recomiendo los
relatos de Sauce Ciego, Mujer Dormida.
Una última mención al penúltimo compañero literario del verano: Gay
Talese. No desbanca a Chaves Nogales en honestidad periodística, pero este tipo
estaba dotado de una técnica exquisita para ejercer la profesión. Otra bomba de
oxígeno ahora que el periodismo se desangra víctima de la indolencia propia de
su modelo de negocio y de producción de contenidos.
sábado, 28 de julio de 2012
La era de la prescripción
Por Nacho Jiménez @Marcomplan1
Andamos todos como locos tratando de anticiparnos al futuro y a veces se
nos olvida que la mejor manera de entender cómo será, es mirando de vez en
cuando hacia atrás. Para entender y anticipar cómo será nuestra vida dentro de
15 años, por ejemplo, es inevitable pensar en las grandes tendencias: las
geopolíticas, previsiblemente dominadas por la multipolaridad; las económicas,
previsiblemente con un eje dominante en los actuales países emergentes; las
tecnológicas, previsiblemente dominadas por la máxima funcionalidad de los
dispositivos que permitirán concentrar experiencias a la carta en un universo
saturado de interconexiones; las medioambientales, previsiblemente tomadas por
medidas defensivas para frenar los efectos del deterioro del entorno y
encaminadas a su recuperación. Hay muchas tendencias en el foco de estudio de
sociólogos, think tanks, escuelas de
negocio, universidades, fundaciones y expertos de muchas disciplinas.
Si hacemos zoom en los
estudios más vanguardistas sobre tendencias globales, no hay, sin embargo,
mención alguna a la comunicación de masas como macrotendencia crítica. La
comunicación es tan fundamental en nuestro desempeño diario, que por evidente, tal
vez explique su desaparición de los grandes análisis que se hacen sobre el
futuro. Sin embargo, la comunicación de masas, su relación con los núcleos de
poder, su rol en la configuración de imaginarios colectivos, su naturaleza
intangible pero movilizadora, su impacto en las percepciones, todas estas
variables harán que la comunicación sea determinante para entender qué derroteros
tomarán otras disciplinas en los próximos años..
Es cierto que la comunicación de masas es, probablemente una de las
disciplinas más jóvenes en el ámbito de las ciencias sociales, sin embargo,
aquellos países u organizaciones que han entendido su naturaleza en cada
momento del siglo XX y principios del XXI, han logrado imponerse, influir o
avanzar en sus respectivos terrenos. Solamente me voy a detener en un ejemplo
para ilustrarlo.
En 1955, Elihu Katz publica con Paul Lazarsfeld Personal
Influence: The part played by people in the flow of man Communications. Este trabajo surge
de una investigación en la que ambos mejoraron los mecanismos de análisis de la
influencia de los medios sobre los líderes de opinión y sobre el conjunto de la
opinión pública. Ha pasado más de medio siglo, pero Katz y Lazarsfeld rompieron
los planteamientos precedentes y dieron un valor limitado (sí, digo limitado,
sin i) a la influencia de los medios.
Los medios de comunicación suelen confirmar procesos de formación de criterios
alcanzados en los entornos sociales de los individuos. De este modo, ambos
construyeron su teoría del 'two-step flow of communications'. El grupo que ejerce
el liderazgo social en una comunidad es determinante en la formación de
opinión, ya que es él quien mejor procesa la información de los medios o
interactúa con ellos para convertirse en el distribuidor de consignas y marcos
conceptuales. Esta teoría inspiró desde estrategias de comunicación política en
USA, hasta algunos de los principales casos de éxito de la industria del
entretenimiento mainstream hasta
finales del siglo XX: Kennedy fue un caso gracias al criterio que aplicaron
algunos de sus principales asesores como Ted Sorensen; la industria de
Hollywood a través de la MPAA con la inestimable ayuda de Jack Valenti; Disney,…
Sin embargo, fue el propio Katz quien, anticipándose de nuevo, revisó
todas sus tesis y en 1996, en el transcurso de una
entrevista que Katz concedió a la revista argentina sobre comunicación, Aquiles, afirmó haber superado la
mayoría de sus investigaciones y conclusiones y estar inmerso en la
investigación de las conversaciones y dedicado en cuerpo y alma a ellas, a su
naturaleza, a cómo se construyen, a como influyen los mass media en ellas, ellas en los mass media y ambas en el resto de las personas. Ojo, 1996, año en
el que el concepto red social ni estaba ni se le esperaba. El caso es que Katz
concluyó que la conversación coral, multipolar e instantánea dinamizaría
movimientos, cambiaría el rol de los líderes de opinión, diluiría el peso de
los mass media tradicionales, pero no
el de los contenidos. Una vez más, los políticos, los personajes públicos y
privados y las organizaciones que entendieron este cambio de paradigma,
lograron diferenciarse y triunfar. La siguiente macrotendencia en comunicación
está por anticiparse aún. Seguramente la clave, al igual que hizo Elihu Katz,
está en mirar hacia atrás con detalle para entender bien los mecanismos de
relación que mueven la comunicación interpersonal y de masas que tenemos hoy.
Así entenderemos bien cómo será la del futuro y cómo sacarle el mejor partido.
Hoy, muchas organizaciones dedican mucho tiempo a
encontrar su sitio en el flujo de conversaciones que saturan las autopistas de la
información. Sin embargo, ese sitio había que haberlo tomado entre 2005 y 2011,
el momento en el que la ventana de oportunidad era amplia. Ahora la clave está
en anticipar las nuevas macrotendencias en comunicación para sacarle partido durante
la próxima década. Mucho me temo que estas tendencias no tienen que ver con el
control de los canales ni con estar en las conversaciones. Pasa por ser el
contenido de la conversación y pasa por ser parte de la experiencia. Contenido
de interés, de calidad, relevante, no invasivo y con escasísima presencia de
marca. Es la era de la prescripción. Demos al prescriptor un argumento, pero no
nos empeñemos en ponerle un logo detrás.
sábado, 26 de mayo de 2012
Sin modelo no hay paraíso
Las cosa son fáciles si las personas las hacen fáciles. Las
cosas funcionan si las personas que las hacen tienen un modelo y un objetivo,
las dos baquetas básicas para marcar el ritmo. Si echamos un ojo a lo que está
pasando en España parece que advertimos que las cosas no son fáciles, que las
personas que se muestran a los mandos tampoco hacen que sean fáciles, que no
hay modelos ni tampoco objetivos.
Empecemos por las personas en las que hemos depositado la
responsabilidad de gobernar o, simplemente, aquellas a las que hemos encumbrado
altar de los prohombres en pedestales inflamados de percepciones equivocadas.
Sería injusto hacer una lista con todos, porque dejaríamos fuera a miles de anónimos
ediles, constructores, especuladores y categorías extrañísimas de palomeros del
pelotazo. El caso es que, sorry so much, al final, los más expuestos son los
que deberían estar en la galería de los horrores españoles. Podríamos empezar
por apellidos comunes que han devenido en categoría de corrupción y
mamporrerismo (Fabra, Gil y Gil, Roca, tantos); seguir por aquellos que han
cristalizado en estulticia política y una absoluta falta de visión rayana en lo
dañino (Blanco, Zapatero, Chaves, Aznar, Sebastián, Cascos, Ibarretxe, tantos);
continuar por aquellos que elevamos a categoría de imprescindibles siendo un
enorme bluff de dimensiones extraordinarias, algunos venidos a menos cual
souflé recalentado y antaño mostrados como enormes visionarios (Rato, Bañuelos,
Sanahuja, Santamaría, Martín, tantos) y otros que, viviendo en la inercia del
vacío generalizado, tratan de regar su maltrecho crédito a la espera de que
vuelen también por los aires y el paso de los años los sitúe como parte
importante del mal que nos azota (Aguirre, Griñán, Mas, Botella, tantos).
Insisto, son solo ejemplos de algunos de los que han estado en el mainstream.
El caso es que la enfermedad se había colado en más de 8000 ayuntamientos, en
más de 40 diputaciones provinciales, en cientos de consejerías regionales, en
17 comunidades autónomas y en una parte importante de los gobiernos centrales,
en miles de empresas promotoras y constructoras, en las cajas gestionadas por políticos, en el enjambre de miniempresas
que afloraron para especular, en el modelo de educación y, bajo mi punto de
vista, lo peor, en la percepción de una grandísima parte de los españoles que,
sin criterio, adocenados y tal vez cansados y aburridos, hemos visto como las
luces que nos guiaban se han esfumado y vamos a tientas buscando desesperadamente
una salida contrarreloj.
Para encontrar la salida necesitamos un modelo y un
objetivo, las personas adecuadas y hacer las cosas fáciles. Me consta que, aun
rodeados de este erial, en España hay muchos empresarios, trabajadores, un
puñado de políticos y miles de personas anónimas que no solamente son críticos
con lo que hemos tenido, sino que están manos a la obra en la misión de construir
un modelo ganador basado en el esfuerzo, el sentido común, la honestidad, la
innovación en procesos y formas y en el conocimiento. Sin esas variables,
solamente aspiraremos a autoengañarnos en burbujas que duran lo que duran.
Cuando hablo de estas personas que trabajan en ello no pienso (ni penséis) en
las acampadas de Sol o de la Plaza de Catalunya. La crítica sin propuestas
constructivas y articuladas son gestos voluntaristas, seguramente bonitos, pero
pueriles. Manos a la obra. Es posible.
domingo, 13 de mayo de 2012
Cambios infinitos
El ritmo de cambios infinitos seguía su curso. Ruth miró cómo descolgaban las dos banderolas de una farola y confirmó que en su lugar colocaban otras anunciando una obra de teatro. Habían pasado algo más de veintiséis años y pequeñas rutinas como la que acababa de presenciar se habían repetido hora a hora, día a día, desde que su padre murió.
La secuencia de pequeños y grandes cambios había dibujado un mundo muy distinto al que él había conocido, pero tenía una mínima convicción, mínima pero suficiente, de que en cierto modo él seguía vivo cada vez que le recordaba, cada vez que se sorprendía por algo o cada vez que se preguntaba por la suerte que ella tenía al poder seguir asistiendo a este ciclo sin fin.
viernes, 6 de abril de 2012
Permítaseme ser relativista
Servidor se pasó la
infancia y parte de la adolescencia recibiendo dosis de consignas religiosas
con aderezos, entre otros, de Opus Dei y neocatecumenales. Me zafé. Milité en
la izquierda y fui afiliado a sindicatos de clases. Me zafé. Todo mi entorno
generacional militaba en la derecha. Me zafé. Mi periplo profesional ha
transitado siempre cercano al liberalismo total. Me voy zafando. En esto, que
nos llega la crisis brutal y dolorosa que hoy nos sigue azotando sin piedad y
veo con perplejidad que afloran una vez más las posturas enfrentadas en las que
toca visitar los lugares comunes para dar con la fórmula mágica que nos saque
de la ciénaga, y ojo, que no valen los matices ni los detalles. O estas en un
lado o estás en el otro.
Yo sigo intentando zafarme
porque a estas alturas, lo único que sé son dos cosas: que no quiero comprarle
los juguetes rotos a nadie y que lo único que quiero es un modelo que haga que
las cosas funcionen. No de la noche a la mañana, que nos queda aún mucho
pedaleo y puerto, pero sí para mis hijos. Y sí, quiero que vivan en una Europa
unida, aunque a costa de cierta cesión de soberanía; quiero que si se van a
trabajar fuera de España sea porque quieren, no porque no les queda otra
opción; quiero que no deterioremos nuestro sistema de incremento de renta
porque soy consciente de que mi futura senectud, si llego, o la de mi mujer, no
tiene porque soportarla exclusivamente el estado, pero sí que yo debo hacer un
esfuerzo adicional y que los mercados acompañen para repartir el peso del
esfuerzo y sí, quiero que mi país haga esfuerzos para eliminar el parasitismo
laboral y que seamos más eficaces, más productivos, menos pacatos y más cultos
para ser mejores y, si me apuran, algo más ricos.
Sí, estoy firmemente
convencido de que esto es compatible (y además necesario) con pagar más
impuestos para que siga funcionando la educación y la sanidad pública, a pesar
de que mis hijos no se benefician de ella porque otros con menos recursos
tienen prioridad. Sí, también estoy seguro de que crecer y ser prósperos no es
incompatible con la integración, con la creación de un entorno de más y mejor
atención a los dependientes, a las personas que siguen llegando a España a pesar
de que los tiempos buenos pasaron. Sí, también sé que progresar es la síntesis
de lo mejor de cada casa y que al fondo de todo esto esta la sostenibilidad en
todos sus ámbitos, en todas sus variables, empezando en el medio ambiente y
terminando en los derechos sociales de las minorías. En definitiva, tengo claro
que el camino no es el nacionalismo ni el camino unívoco de lo público. Creo
que la vía europea es necesaria para afrontar un entorno complejo con cierta
fortaleza y que lo público hoy no es un problema de concepto, sino de
gobernanza y de calidad de los gestores que, año a año, semana a semana y día a
día, lo hacen inviable por la corrupción y por la falta de criterio. Por lo
tanto, me parece un error centrar la ira de lo que pasa contra determinados
sectores industriales y no contra los políticos que, en el caso de España, han
gestionado ayuntamientos, comunidades autónomas o cajas de ahorro y que han
hecho de la corrupción el modus operandi dando una seña de identidad a un
estilo de vida paleto, inculto y ruin que, por otra parte, ha cautivado a
millones de españoles. Y sí, de esto han participado otros tantos millones que
ahora proclaman consignas como si el tema no hubiese ido con ellos. Por lo
tanto, permítaseme ser relativista y especialmente pragmático.
No quiero consignas ni
verdades absolutas. Solamente quiero que las cosas funcionen sin perder el
norte y sin caer en los brazos de generalismos. Sí. Un último sí. No me gusta
la indolencia, el camino fácil, la impostura, la fanfarronería, el o la que
escurre el bulto y la falta de compromiso ¿Conocen a alguien con esos síntomas?
Ese es el problema.
Banda sonora para esta entrada: Europa superstar, La Casa Azul.
domingo, 15 de enero de 2012
Algunas lecturas buenas (2)
Acabé el año deleitándome con Manuel Chaves Nogales y lo arranqué con el inmenso, póstumo y magnífico 2666, de Roberto Bolaño. El autor pidió que no se editase la obra en un solo volumen, pero el crítico literario Ignacio Echevarría, designado consejero literario de su obra por el propio Bolaño, en connivencia con los herederos y el editor de Anagrama, Jorge Herralde, decidieron lanzar los cinco libros en uno solo. No voy a hacer valoración aún, ya que ando inmerso aún en su lectura, pero he de decir que es un trozo de la mejor narrativa en castellano del siglo XXI. Sin ninguna duda.
Incorporo a esta pequeña lista de recomendaciones a otro habitual en mis referencias: Tony Judt y su tsunami histórico titulado Postguerra. Obviamente no es un libro nuevo, pero, tal y como estamos hoy, inmersos en una profunda época depresiva y de cambios radicales, toca no olvidar lo que sufrimos en el siglo XX y, especialmente, todo lo que el pasado siglo nos enseñó. Lo tenéis editado en Taurus.
Salto al ensayo filosófico. Hay que tener siempre a mano Asimetrías, de Salvador Pániker (Debate). Los latigazos de Pániker ayudan a mantener viva la visión laica y relativista. Conviene no olvidar que casi nada es cómo nos dicen que es y, habitualmente, la vida tampoco es como nos la habían contado...
A modo de break, nunca está de más tener a mano a David Monteagudo. En posts anteriores recomendé Fin y esta vez destaco Marcos Montes (Acantilado), algo más previsible que Fin, pero un pequeño gran libro.
Para acabar, una mirada atrás, a los que siguen siendo algunos de mis libros de cabecera: El Extranjero (Camus), Odisea (Homero) y Germinal (Zola). Huelgan comentarios, pero más adelante, en próximas entradas, explicaré cómo impactaron en mi vida estos tres libros y dos más que dejo de rondón: Del sentimiento trágico de la vida, de Miguel de Unamuno y Cien años de soledad, de García Márquez.
See you later¡
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



