Con
permiso, acuñamos aquí un nuevo concepto. Ni branded content, ni brand
journalism, ni publicidad, ni periodismo a secas, ni nada que se le
parezca. La oportunidad y la nueva manera de hacer comunicación pasa por el
contenido propio, el self-content.
En
marzo de 2016, en Internet había más de mil millones
de websites activos. A este increíble volumen de canales debemos unirle los
medios de comunicación tradicionales (prensa, radio y televisión). Al principio
de 2016, existían más de un millón de medios de comunicación digitales y un censo
de cientos de miles de periódicos en papel, revistas. Si a este increíble
volumen le sumamos las miles de cadenas de televisión en abierto o de pago y
emisoras de radio analógica y digitales, la pregunta es ¿puede una empresa, un particular o una organización ser relevante en
el mundo actual? La respuesta es sí, pero esta relevancia no va a llegar
intentando ganarse el espacio en la agenda de los medios de comunicación para
que estos se hagan eco de nuestras cosas; por supuesto la vía ya no es de pago.
La eficacia publicitaria está en un franco rendimiento decreciente.
La
vía es crear tu propio contenido, con
honestidad, relevancia e ingenio suficiente para que este pueda competir en
las búsquedas que realizan los usuarios y que sea fácilmente compartido en
redes sociales. Si se cumplen ambas premisas, también habremos conquistado una
parte importante de la agenda de los medios de comunicación. De hecho, no hay
redacción solvente que se precie, que no tenga a equipos dedicados a convertir
en noticia aquello que arrasa en las redes o que no habilite secciones
dedicadas a curar contenido porque algún tema se convierte en tendencia.
El
self-content debe basar su construcción en el rigor, la relevancia o incluso el
ánimo de entretener o emocionar. Debe hacerlo basándose en géneros
periodísticos a los que les aplicamos técnicas de posicionamiento como si de un
producto de consumo se tratara. La
relevancia y la calidad del contenido propiciará que se comparta de manera
natural por parte de los que lo consumen. La forma de construir el
contenido determinará gran parte del éxito SEO y las
capacidades de quien genera el contenido de completar la difusión con
estrategias puntuales de pago; la forma de construir el contenido puede
terminar de configurar una alternativa solvente a otras estrategias de
contenido tradicionales cada vez menos eficaces.
La
manera en la que hoy consumimos información y contenidos ha cambiado de manera
radical. Ver la televisión a la carta y saltar la publicidad, los formatos bajo
demanda, el ad blocking, la
ineficacia del branded content, la
fragmentación de medios y la cultura del hipervínculo, son algunos de los elementos
que están abocando a muchos de los contenidos que generan las organizaciones a
la pérdida de relevancia. Esto explica el cambio de registro adoptado por
políticos o empresas en la manera de dirigirse a los consumidores, votantes,
clientes en general y otros grupos de interés. La televisión sigue siendo el
gran vehículo para generar cobertura rápida y llegar a grandes audiencias. Lo
que ahí sucede, se desdobla en redes sociales entrando en las conversaciones de
miles de personas. Pero la fragmentación
y el consumo bajo demanda terminará azotando también a la TV donde más duele:
el consumo lineal que asegura su modelo de negocio basado en los ingresos
publicitarios.
La
radio permanece estable, entrando de manera amigable e íntima en millones de
hogares y vehículos de todo el mundo. El modelo que sustenta a la prensa
general tradicional en papel atraviesa una crisis de magnitud grande y duración
indefinida, mientras que los medios nativos digitales gozan de éxitos relativos
y asimétricos. Las publicaciones de nicho y de calidad tienen vida y futuro y
lo que emerge con fuerza y con visos de permanecer son los canales propios.
El
self-content puede sustanciarse en diferentes modelos. Uno de ellos sería el
periodismo de marca, como la iniciativa impulsada por un servidor y un
excelente equipo de profesionales en BBVA a través de info.bbva.com; puede articularse en
formatos mixtos como hace Coca-Cola con su iniciativa Journey
o alternando, información de servicio y contenidos vinculados a su actividad
tal y como hace General
Electric. Iniciativas desarrolladas para terceros con acierto y criterio
como Contently o Sky Word.
Ahora
bien, generar el contenido no es un fin
en si mismo, es el medio para iniciar una dura competición por el tráfico en
buscadores, una dura competición por contar con el beneplácito para la gente
y entrar en sus conversaciones digitales, que se comparta y que el contenido
vuele hasta lugares insospechados para las maneras tradicionales de hacer
comunicación.
Escribiré
más sobre esto. El self-content será el
epicentro de la comunicación de cualquier organización que aspire a ser
relevante. Dos cosas marcarán la diferencia entre hacerlo bien o mal: la
calidad del contenido y la estrategia de distribución del mismo y esta no pasa
necesariamente por el pago.


