El pasado sábado 26 de noviembre me desperté, encendí el móvil y abrí el whatsapp. Lo
primero que saltó fue un meme del que se deducía claramente que Fidel Castro había muerto. De
manera irónica me enteré de la muerte de uno de los iconos
del siglo XX gracias a la comunicación en red, no a través de un gran medio
de comunicación ¿Quién hubiese firmado en los 80, en los 90 o incluso en los dosmiles, que la exclusiva por la que
siempre han peleado los medios de comunicación iba a llegar de esta manera? Hoy
en día, las exclusivas periodísticas tiene la misma vida que un helado en el
desierto de Lut.
Al igual que yo me enteré por un meme, millones de
personas lo hicieron entrando en su muro de Facebook o en su timeline de
Twitter. Muchas de esas informaciones compartidas replicaban crónicas similares
de medios de comunicación, pero bien podrían surgido las interpretaciones, las referencias,
los memes o los homenajes a partir del punto de origen del acontecimiento: la
información oficial.
Que el entramado informativo ha cambiado es innegable.
Probablemente todas las opciones informativas son útiles en su espíritu, pero
la mayoría sin inútiles debido al elevado volumen de información que dificulta
desenmarañar el porqué de las cosas. Parece que fluye, crece y se disemina
solamente aquél contenido que toca determinados resortes de la lógica del
compartir, normalmente el oportunismo, la gracieja o el rumor al que no se le
contrarresta con información oficial y original desde la fuente.
Antes, no hace mucho tiempo, las personas iban en bloque a buscar la
información. Ahora las noticias encuentran a los lectores, van en busca de
ellos y este hallazgo se produce de manera irregular, imprevisible e inmediata.
En esta red de impactos, desentrañar la verdad, lo riguroso, lo bueno y lo
necesario requiere de un verdadero esfuerzo que, como es obvio, poca gente está
dispuesta a realizar.
Luego, cuando cristalizan las corrientes irracionales (para
el sentir de los que se consideran bien informados ¿lo está alguien de verdad?)
llegan las preocupaciones de urgencia, las reivindicaciones estériles en las
redes sociales hechas desde la poltrona de las casas o en momentos de ocio.
Estériles y absurdas. Solamente en ese momento, muchas personas deciden
esforzarse por entender lo que ha pasado, desentrañar el porqué de las cosas,
pero suele ser tarde. Lo hemos visto hace pocos meses en Reino Unido con el
Brexit, en Colombia con el proceso de paz, en Estados Unidos con las
elecciones, vendrán más casos…
El esfuerzo hay que hacerlo antes ¿Por qué razón? Porque si
no, el aluvión de memes, de noticias a medias y de comentarios para el
escaparate en las redes nos llevará inevitablemente al despiste y a olvidar pasados
siniestros y sí, entonces sí, estaremos
condenados a repetir nuestros errores.