Tachadme de pedante, pero cada día me resulta
más pesado ‘vivir’ en las redes sociales.
Es verdad que han puesto altavoz a todo aquél
que quiera decir algo a millones de potenciales oyentes que quieran y puedan escuchar
y conversar.
Es verdad que es increíblemente bueno que
podamos compartir enlaces con información y acceder a fuentes directas gracias
a la generosidad de quien quiere mostrar sus
conocimientos, su saber o lo que ha descubierto.
Mi sensación de agotamiento viene por la enorme
oleada de vaguedades, de ocurrencias baratas, manidas y previsibles que
circulan sobre cualquier tema. Yo también contribuyo a ellas. Mal que me pese.
Lo peor de todo es que detrás de muchos tuits y comentarios no hay ni diez
segundos de esfuerzo por entender la complejidad de un tema determinado, de una
situación concreta sobre la que se habla y opina; la hilaridad es la matona del respeto en las redes
sociales y el trollismo (discúlpenme en la RAE) el verdugo del sentido común.
Si como decía Ignacio Ramonet <<para estar informados hay
que hacer un gran esfuerzo>>, ahora, para no estar desinformado y contagiado
de basura por doquier, hay que hacer un esfuerzo mayor.
Aún así, las posibilidades que ofrecen, compensan
la basura que circula por sus cañerías.

1 comentario:
Bueno, yo paso mucho de las redes sociales, todo parece más fácil y perdemos la comunicación directa.
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