sábado, 20 de marzo de 2010

Esperanza Aguirre


Fuente: Expansion.com
Definitivamente: Esperanza Aguirre es como una tormenta seca: relámpagos espectaculares que llaman la atención a unos e impresionan a otros, pero no dejan de ser relámpagos que preceden al trueno y a la remolina de polvo. Esto, en términos de comunicación política, se concreta en proactividad, fijación de agenda de contenidos y ruido de fondo. Si hacemos zoom en estas prácticas, resulta que este tridente es a todo lo que aspira la casta política que quiere gobernar.


La cuestión es si esta yuxtaposición de golpes de efecto conduce a Aguirre a algún sitio. Mi opinión es que Aguirre está inmersa en un viaje a ninguna parte. Vaya, que no llegará al único sitio al que aspira a llegar a La Moncloa. Sin embargo, su técnica, ora carnegiana ora thatcheriana, sí le va a ayudar a forjarse una leyenda que le garantice un retiro plagado de admiradores que alimenten el runrún del podría haber sido y no fue.

Hagamos un repaso. Esperanza Aguirre adquirió notoriedad pública (más allá de su periplo por el Partido Liberal, AP y el Partido Popular), gracias a sus deslices verbales y falta de tino siendo Ministra de Educación y Cultura durante la primera legislatura de José María Aznar (1996-2000). Estas meteduras de pata encontraron su horma el ese espacio llamado ‘El Rincón de Espe’ en el programa Caiga Quien Caiga presentado por Gran Wyoming en Tele 5 a finales de los años 90. Esta aparente debilidad la supo canalizar bien Aguirre ya que instrumentalizó aquella aparente debilidad para construirse un escaparate que le ayudó a manejar perfectamente la escena de los medios: arrancar titulares, asegurarse la foto en los periódicos bien sea cuando inaugura un polideportivo o cuando recibe a un deportista en la sede de la presidencia de la Comunidad de Madrid. Sus gestos los ha sabido transformar en símbolos que marcan el camino que debe seguir su partido y eclipsan los escándalos que rondan a su alrededor (el Tamayazo, el caso de los espías y la implicación de gente de su confianza en la trama Gurtel). En definitiva, su enorme proactividad e instrumentalización de los medios de comunicación le permite fijar el guión de lo que se habla y marca la postura de su partido.

En este camino ha contado con dos aliados que espolean todas sus ocurrencias: Federico Jiménez Losantos y Pedro J. Ramírez. Ambos son sus principales supporters y a la vez la oposición de la oposición, es decir de Mariano Rajoy. Esto tiene un mérito parcial, pues Aguirre ha construido un molde en el que encaja perfectamente su electorado madrileño que le ha llevado a barrer al PSOE en Madrid y batir records que ya tiene en su haber como ser la senadora más votada de España. Pero Esperanza Aguirre ha descuidado un flanco clave: a La Moncloa no se llega con lo carpetovetónico por bandera. A la presidencia del gobierno se llega con una estrategia integral que esté alineada con muchas voluntades y sensaciones que habitan más allá de Somosierra y de los Montes de Toledo y en muchas zonas de España no se ven los relámpagos, pero si llega el eco de truenos y los relentes provocados por sus ventiscas mediáticas. Para llegar a La Moncloa es necesario un plan y un discurso ganador o muchos deméritos de los adversarios (esa es su mejor baza). Su discurso es hueco y en esa oquedad solamente resuenan los ecos de ocurrencias prefabricadas para mayor algarabía de sus huestes.

Lo tendría más fácil si sus asesores (¿los tiene?¿tienen ascendencia sobre ella? ¿se deja asesorar? ¿son buenos?) aprendiesen lo mejor de Sorensen o Favreau para construir discursos políticos que sean un verdadero big one, o que manejasen la pericia de Luntz para que sus consignas dejasen de ser efímeras y sin calado. No es por dar pistas, pero la táctica solamente satisface lo cercano y lo local. La estrategia es la clave y el molde que Aguirre ha construido a base de golpes de efecto en Madrid es simplemente pequeño y no apto para el resto de España. En cualquier caso, aún le queda tiempo, poco, pero es suficiente si su obsesión por los relámpagos la transformase en lluvia fina. Me temo que a estas alturas la resistencia a cambiar es demasiado elevada y la ventana de oportunidad está cada vez más cerrada.

La salida de Güemes es un indicador malo para Aguirre...

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