sábado, 31 de mayo de 2014

Colapso importante de la comunicación política



Los partidos políticos tradicionales están tomados por la endogamia y por asesores con carné. Como pasa con las estafas piramidales, sus integrantes se dan crédito unos a otros en una espiral en la que son conscientes que el fallo de uno es el final de todos.

Revisemos: mientras los partidos políticos alimentaban esta espiral poniendo el pin pan pum como punta de lanza de su discurso público, han ido saliendo de nuestra órbita en un viaje a ninguna parte, probablemente encaminados a su destrucción o a su profunda transformación. Pero en la cara oculta de muchos de los partidos, detrás de las caras conocidas, existen equipos de asesores, la mayoría de ellos dedicados a la estrategia y a la comunicación. Asesores cuya filiación y sesgo ideológico es todo el mérito que esgrimen para hacer lo que hacen y para estar donde están. Su carta de presentación no son sus capacidades técnicas. Este ejercicio de endogamia ha llevado a los políticos al terreno de lo insustancial, del postureo y de la rigidez.

Conozco el tema. Estuve dentro de algunas organizaciones políticas a las que me acerqué con otros técnicos en comunicación a ayudarles porque considerábamos y consideramos la política un arte noble y necesario y porque entendíamos y entendemos la comunicación como el arte de hacer magia a través del discurso honesto, claro y verídico.

El éxito de la comunicación política depende de la convicción. Vencer no es convencer. La convicción es la mejor herramienta de comunicación. La honestidad, la claridad y la veracidad son atributos que hay que adaptarlos a los canales, a las audiencias, al momento oportuno, a las conversaciones en red actuales, a la morfología de los medios, a los hábitos de consumo informativos, a la disposición de los públicos, a la oportunidad…

Sentido de la oportunidad, sentido común y convicción. Son los tres pilares de la comunicación política. Sin embargo, llevamos años asistiendo a un encorsetamiento de la comunicación política que ha llevado a los políticos a alejarse a miles de kilómetros de los ciudadanos. No hay peor comunicación política que la que impone al portavoz corsés, tiempos acotados, poses con gráficos en la mano, temas pactados milimétricamente, que hablen de sus cosas y no de las cosas que realmente importan.

No he visto ni veo nada bueno ni nuevo bajo el sol en comunicación política más allá de los cinco grandes aportaciones a esta materia realizadas por Paul Lazasfeld y Elihu Katz en los años 50, más allá la magnífica elegancia de Ted Sorensen a la hora de construir relatos inspiradores, más allá de la sinergia entre los discursos de Jon Fraveau y la estrategia social media en la campaña de Obama, más allá de la enorme intuición de Frank Luntz para sintetizar conceptos complejos en palabras eficaces y más allá del sentido común de Lakoff para entender que las dinámicas superficiales del entorno social media puede domarse con tono mesurado y argumentación. Fuera de eso nada. Las huestes de asesores con filiación ideológica han enviado a la clase política a cavar su propio hoyo, la han situado en el lugar más alejado de la gente.



Los mismos que inician una campaña con un candidato llamado Miguel Arias y terminan con el candidato llamado Cañete, su segundo apellido, usado en tono peyorativo; los mismos que en lugar de construir un relato que conecte con una enorme masa social desencantada, construye uno que se limita a atacar a su contrincante; los mismos que en un partido como Izquierda Unida, con todo a su favor para surfear encima de la ola, se han dormido en los laureles repitiendo consignas plagadas de lugares comunes; los mismos que consideran que la alternancia es infinita, siguen sin entender que si no se adaptan y conectan con la gente, su hueco lo ocuparán nuevas opciones. Algunas ya están aquí. Es el caso de Podemos, Ciudadanos y otros.

Podemos es un partido de nuevo cuño, con financiación mutualizada y que en poco más de seis meses ha logrado que más de 1,2 millones de votantes les den su confianza. A partir de ahí los análisis parciales: que si su éxito se debe a las redes sociales, que si se debe a la televisión, que si se debe al 15M. Lo cierto es que su principal cara, Pablo Iglesias, ha tenido horas de exposición en televisión similar o inferior a otros candidatos emergentes como Nart y muchísimos menos minutos que Arias Cañete, Valenciano, Meyer y los aparatos de los grandes partidos. Estoy convencido que si se presentase a unas elecciones cualquier tertuliano o personaje del corazón conocido no lograría semejante éxito.

¿Qué significa esto? Que quien reduzca el éxito de Podemos a sus apariciones en televisión o a su estrategia en redes sociales, es que no ha entendido nada de nada. Ambas son palancas imprescindibles en comunicación política, pero ninguna es crítica si el contenido no fluye, el discurso no vuela y el sentido del mismo no engancha. Y esa es la clave. La clave es el relato, el buen relato. Y el relato que gana a la gente es más potente si lo combinas con las palancas media y social media, con la recurrencia, con la oportunidad y con la convicción. Todo lo que se salga de ahí es sinónimo de fracaso. Dicho esto, ojo, esto acaba de empezar.

Partidos: elijan a los mejores, no a los cortesanos.



domingo, 18 de mayo de 2014

Algunas lecturas buenas IV



Arranco la tanda de recomendaciones con el filósofo alemán de origen coreano Byung-Chul Han.

Sociedad del Cansancio y Sociedad de la Transparencia. Son dos brevísimos ensayos de una extraordinaria intensidad y peso intelectual. La feroz competencia laboral, el exhibicionismo digital y la trampa de la transparencia como solución a los excesos, son tres de los temas a los que dedica sus reflexiones. La lectura de Chul Han es sin embargo contraintuitiva para aquél que navegue con comodidad por el mainstream de la postmodernidad. Su visión es valiente y demoledora para con todos los tópicos que estamos creando en torno a la experiencia digital y al exceso de transparencia. Su lectura genera incomodidad para el que vive inerte en que el panóptico es el no va más de la conquista de la sociedad. Por eso es imprescindible que voces como la suya rompan la corriente y emergen retadoras, como le corresponde a los intelectuales cuya voz, en los tiempos actuales, difícilmente llega. Absolutamente recomendable. Editados por Herder.

Gustave Le Bon. Se me ocurrió echar la vista atrás y me fui al siglo XIX. No muy lejos, pero para muchos una eternidad. Sin embargo, de allí rescaté su obra Psicología de las masas (editorial Morata) y flipé por su vigencia. En el momento en el que Le Bon escribió este libro no existían ni los medios de comunicación de masas ni las redes sociales. Sin embargo, el análisis certero del comportamiento mecanicista y de corte adolescente de las masas como corpus pensante y actuante, describen milimétricamente el fenómeno actual de la cultura exhibicionista y del sharing. Dejo tres perlas:

"...el individuo, sumergido durante cierto tiempo en el seno de una masa actuante, cae muy pronto en una situación particular que se aproxima mucho al estado de fascinación del hipnotizado en manos del hipnotizador"

"...intelectualmente, la masa es siempre inferior al individuo aislado. Pero desde el punto de vista de los sentimientos y de los actos que estos provocan, pueden ser mejor o peor, según las circunstancias. Todo depende del modo como se la sugestione"

"Las decisiones de interés general tomadas por una asamblea de hombres distinguidos, pero de diferentes especialidades, no son sensiblemente superiores a las que adoptaría una reunión de imbéciles"

Fuera del ensayo dejo tres recomendaciones muy diferentes, pero fascinantes todas: Los Hedonistas, de Enrique Juncosa (Los Libros del Lince); El Libro de los vicios, de Adam Sobocynski (Anagrama) y Personas como yo, de John Irving (Tusquets). Probablemente tres de los libros más interesantes, diferentes y buenos que he leído en el último lustro.

Los Hedonistas tiene al menos tres relatos magníficos, llenos de vigor narrativo, fuerza y latigazos contra el buenismo que impera aún sobre algunos asuntos vinculados a la tolerancia sexual. Precisamente los sufrimientos y dificultades derivados de la condición sexual vertebran la extraordinaria novela de Irving. Personas como yo nos permite realizar un viaje a la zona más doliente del homosexual desde los años 50 en estados Unidos hasta nuestros días y nos eleva a la vez a momentos de una intensidad hedonista difícil de entender para los que han vivido o viven su condición sexual bajo un manto de sordina.

Acabo con El libro de los vicios. Escribí en alguna parte que para mi es el mejor libro de 2013. El simple hecho de reivindicar los pequeños placeres que poco a poco se reducen a la esfera estrictamente personal porque la planicie de lo políticamente correcto nos ha dejado una forma de vivir llena de clichés absurdos, exhibicionistas y buenitas, ya merece atención. A esto hay que unirle la ironía y el collage literario que logra Sobocynski creando un hilo conductor a partir de varias historias aparentemente inconexas.

En breve más referencias. Buena lectura¡

domingo, 4 de mayo de 2014

Una historia Insignificante



El madero de una sombrilla de piscina como respaldo. La espalda recta y apoyada sobre él y los hilos de colores enganchados con un imperdible a un pequeño cojín o tal vez a una toalla mullida. Los hilos colgando los trenzaba con destreza rítmica. Ella relajada y aparentemente abstraída colocaba uno sobre otro, vuelta y vuelta hasta ir creando caminos de colores sencillos y veraniegos.

Así empezó la andadura de Insignificante. Cristina apoyada en el madero, trenzando pulseras de colores para todo el que iba, venía, pedía o simplemente estaba. Hilo a hilo, minuto a minuto, charla a charla, tarde a tarde. Primero en Boadilla, luego en Almería. Así, con la sencillez y naturalidad del que camina para relajarse, fueron surgiendo ideas, diseños, creaciones variadas que poco a poco iban generando un interés desenfadado entre amigos y familia, amigos de amigos, familias de amigos, familiares de familiares.

Paso a paso, inch by inch como sugería Al Pacino en Any Given Sunday, Insignificante se transmutó en una batería de pequeñas delicatesen de bisutería  llenas de elegancia, sencillez y buen gusto.

Cristina Pérez-Sierra Feduchy siempre tuvo Insignificante dentro, y ella lo sabía. Durante años tuvo que transitar por caminos previsibles, por rutas repletas de gente, plagadas de lugares comunes. Lo hizo en la publicidad, en el diseño gráfico. Lo cierto es que cuando ella se apartó de ese camino, esperó, se revisó y dedicó sus días a otros menesteres con la generosidad y fuerza que la caracterizan, Insignificante salió como si nada. Fluyó con la naturalidad con la que coges la bifurcación del camino que sabes te llevará al lugar donde siempre quisiste ir.


Hoy Cristina e Insignificante avanzan sin pausa como una extensión uno de la otra, otro de la una. La suma de ambos puedes encontrarlos en www.facebook.com/insignificante.insignificante y en https://www.instagram.com/insignificante.jwl/