sábado, 8 de enero de 2011

Los muertos secretos

Fuente de la imagen: Gabi Beltran.


Llegué a las vacaciones de navidad colapsado por el trabajo y sin la perspectiva ni el tiempo suficiente para escribir. Por esto dejé pasar tres semanas en las que, entre las cuestiones personales, siempre prioritarias, me he dedicado a leer a Tony Judt, Algo va mal; David Monteagudo, Marcos Montes; Haruki Murakami, After Dark; Manuel Chaves Nogales, El Maestro Juan Martínez que estaba allí y numerosos artículos, tweets y picoteos varios. Es como si hubiese limpiado parte del disco duro.

Tan es así, que he decidido congelar las más de 100 páginas que llevaba escritas de un ensayo. Sin perspectiva ni tiempo no es posible escribir sin perder parte de la dignidad. En estas, andaba esta tarde en un hueco sin lluvia dando un paseo con el perro por el monte y tracé varias líneas para montar el primer post de 2011 para este blog. Pensaba en algo que leí hace tiempo que decía algo así como que estábamos asistiendo a décadas de aburguesamiento del proletariado y que, pasados treinta años, asistiríamos a una proletarización de la burguesía. Seguía pensando yo que tal vez en esto estaba la clave para entender el porqué de la parálisis social actual, que aparentemente no hay movimientos de contestación ni muestras de rabia. Es como si todos anduviesen avergonzados de una época de excesos y es el sentimiento de culpa el que provoca esa parálisis...La lluvia arreció y el perro y yo volvimos corriendo a casa. Ya secos y acomodados, empecé a hojear las páginas de El País Semanal y me topo en la página 10 con la columna de Javier Cercas titulada Los Muertos Secretos y descubro tres cosas: 1) que mi pensamiento de paseo perruno era citado por Cercas en su artículo y él se lo atribuye a Richard Rorty (gracias Javier, Unamuno decía que lo que se olvida se aprende y yo había olvidado quién era el padre de esa reflexión); 2) que ya no tendría que escribir una entrada ad hoc para este blog porque Javier Cercas ya ha escrito de lo que yo quería escribir y lo ha hecho mucho mejor de lo que yo lo haría y 3) que acabo de descubrir un cabo del que tirar para escribir otro libro que seguro congelaré cuando lleve 100 páginas.

Feliz año. Se antoja intenso.