domingo, 27 de septiembre de 2015

La comunicación política y corporativa que viene



Imagen: fuente Zyncro

Cuanto antes lo asumamos todos, industria de los medios de comunicación, profesionales de la comunicación y consumidores de información, mejor. La atomización de canales, formatos, conversaciones y contenidos ha destrozado el estatus de la industria de la información.

La relevancia de un contenido o de una información ya no está asociada al rigor o a la calidad. Sí, es una desgracia y, como apuntaba Javier Marías, Internet probablemente haya organizado por primera vez en la historia la imbecilidad que antes empezaba y acababa en una charla de café o en la barra de un bar. Lo cierto es que es la realidad de nuestro tiempo y hay que armarse, afrontarla y entender donde están los puntos de apoyo para hacer las cosas mejor.

Veamos. El tráfico directo a los medios de información relevantes se desploma; el nivel de confianza sobre lo que se encuentra en Google o en otros buscadores y en lo que comparten terceros en las redes sociales se ha disparado (ver Edelman Trust Barometer 2015). La televisión y la radio decaen, pero permanecen estables en penetración y cobertura, aunque pierden credibilidad y confianza. Lo que imprime carácter de confiable a los contenidos es aquello que el usuario encuentra por sus medios y sobre lo que saca sus propias opiniones y juicios. Esto trae un cambio de paradigma para los profesionales de la comunicación: la voz de una organización se oirá y será considerada y aceptada por sus grupos de interés si esta voz surge de un contenido propio, este está bien posicionado y genera un correcto engagement social apoyado en las redes sociales. En definitiva, desintermediar la relación con sus públicos.

¿Quiere decir esto que las organizaciones y los políticos deben saltarse al medio de comunicación tradicional? La respuesta es no. La tendencia ganadora es la que haga compatible la manera de hacer comunicación tradicional con la generación de contenidos propios, la desintermediación, el posicionamiento y el engagement social. Estas normas condicionarán el éxito de la comunicación corporativa y política del futuro.