sábado, 27 de marzo de 2010

Reivindicar el debate social

Me gusta el diseño sencillo, elegante, equilibrado y consistente a lo largo del tiempo. Si tuviese que elegir un ejemplo de la modernidad me quedo con este:


Sin embargo muchas marcas y personalidades persisten en complicar su personalidad y su discurso.

Me gustan los políticos transformadores, con visión y personalidad.


Obama representa este modelo a pesar de que la mezquindad que emana desde muchos medios de comunicación valore la acción del político por los índices de popularidad en las encuestas en lugar de analizar el valor transformador de las medidas que impulsa.

Me gusta el debate social y sin embargo no existe. La sociedad española (me detengo en lo que aquí tenemos), ha enviado el debate social al muladar más oscuro y alejado. Asistimos a un magma de opiniones imprecisas y dañinas, sin carga de profundidad, que denotan simplemente que no hay referentes intelectuales, políticos y mediáticos que apuntalen el debate.

Hace pocas semanas moría Pepín Vidal Beneyto, bajo mi punto de vista, uno de los pocos pensadores lúcidos, activos, comprometidos y críticos con verdadera capacidad de prescripción. En el entorno de la izquierda, salvo la siempre aguda palabra de José Saramago y la pertinaz resistencia de Ignacio Ramonet, los referentes intelectuales y periodísticos hay que buscarlos fuera: en Edgar Morin, en Jean Daniel, en John Berger…Aquí, sin llegar a ser referentes reales del debate social, tenemos un gran erial que se refleja especialmente en la inconsistencia y superficialidad de los medios de comunicación y de sus estrellas: Iñaki Gabilondo en retirada, Carles Francino con su simpática inconsistencia y periódicos de corte progre atenazados por la caída libre de lectores e ingresos.

En el otro lado, guste o no, hay un referente: Federico Jiménez Losantos. Burdo y desagradable en el estilo, pero agitador, inteligente e incisivo con una gran habilidad para fijar la agenda de contenidos de la derecha y abrir nuevas ventanas de reflexión. A la zaga, pero lejos, muy lejos, le sigue Pedro J. Ramírez, eterno aspirante a ser el referente liberal pero que, en su carrera por hacer de periodista, intelectual, estrella de la pantalla y empresario de éxito, nunca puso foco y sigue sin ponerlo. El caso es que en él, en Pedro J, se da ese caso que el magnífico y discreto Mario Benedetti formuló como ‘el que pecho abarca loco aprieta'... ¿Y Carlos Herrera? Se preguntarán algunos. Disculpen, pero Herrera nunca será un referente de nada salvo de sí mismo. Herrera maneja la gracieja que le permite construir un estilo cercano y llevadero para escuchar un rato la radio. A partir de ahí, nada.

En la derecha, los intelectuales e historiadores, por ejemplo, como Pío Moa, empiezan a ganar el pulso. Y lo empiezan a ganar no tanto por méritos suyos sino por deméritos de los que supuestamente aportan otra visión: Ian Gibson o Enrique Moradiellos, entre otros. El error Lorca de Ian Gibson será el punto de inflexión para él y arrastrará injustamente a muchísimos historiadores que siguen empeñados en recuperar memoria y reconstruir un pasado inexistente para millones de personas. Esa labor sigue siendo necesaria.

Lo que indica esta pequeña foto de unos y otros es que el debate social, si emerge, lo hará centrado en otros menesteres como las relaciones internacionales, la globalidad, las redes sociales o el cambio climático. Ahí sí se está fraguando una suerte de masa crítica liderada por intelectuales que no basan su actividad en el dialogismo con sus adversarios mientras las sociedades se parten en izquierdas y derechas.


Me permito aquí dejar algunos nombres que poco a poco han sabido identificar este cambio de actitud y abordan su labor intelectual y divulgativa desde una perspectiva más especializada y menos politizada: Manuel Castells, Javier Gomá Lanzón, John Lee Anderson, Peter Watson o Claude Steiner. Son solo una muestra. Hay muchos más y, poco a poco, gracias a Internet, es fácil encontrar cabos de los que tirar, pero el debate social sigue sepultado bajo el aluvión de opiniones y lugares comunes que no permiten la transformación. Nos detenemos en fruslerías y nos olvidamos del fondo… La botella de Absolut es magnífica, pero es infinitamente mejor si está llena en lugar de vacía.

martes, 23 de marzo de 2010

Just Communication


Just Communication es un blog creado y alimentado por los alumnos de Dirección de Comunicación de 4º de Publicidad y Relaciones Públicas de la Universidad Europea Miguel de Cervantes de Valladolid.

Con la supervisión de José María Herranz de la Casa, profesor y responsable de comunicación del centro universitario, seguro que dan buena cuenta de aquellos asuntos relevantes para todos los que nos dedicamos al mundo de la comunicación. En Marcomplan también seguiremos la evolución de Just Communication.

sábado, 20 de marzo de 2010

Esperanza Aguirre


Fuente: Expansion.com
Definitivamente: Esperanza Aguirre es como una tormenta seca: relámpagos espectaculares que llaman la atención a unos e impresionan a otros, pero no dejan de ser relámpagos que preceden al trueno y a la remolina de polvo. Esto, en términos de comunicación política, se concreta en proactividad, fijación de agenda de contenidos y ruido de fondo. Si hacemos zoom en estas prácticas, resulta que este tridente es a todo lo que aspira la casta política que quiere gobernar.


La cuestión es si esta yuxtaposición de golpes de efecto conduce a Aguirre a algún sitio. Mi opinión es que Aguirre está inmersa en un viaje a ninguna parte. Vaya, que no llegará al único sitio al que aspira a llegar a La Moncloa. Sin embargo, su técnica, ora carnegiana ora thatcheriana, sí le va a ayudar a forjarse una leyenda que le garantice un retiro plagado de admiradores que alimenten el runrún del podría haber sido y no fue.

Hagamos un repaso. Esperanza Aguirre adquirió notoriedad pública (más allá de su periplo por el Partido Liberal, AP y el Partido Popular), gracias a sus deslices verbales y falta de tino siendo Ministra de Educación y Cultura durante la primera legislatura de José María Aznar (1996-2000). Estas meteduras de pata encontraron su horma el ese espacio llamado ‘El Rincón de Espe’ en el programa Caiga Quien Caiga presentado por Gran Wyoming en Tele 5 a finales de los años 90. Esta aparente debilidad la supo canalizar bien Aguirre ya que instrumentalizó aquella aparente debilidad para construirse un escaparate que le ayudó a manejar perfectamente la escena de los medios: arrancar titulares, asegurarse la foto en los periódicos bien sea cuando inaugura un polideportivo o cuando recibe a un deportista en la sede de la presidencia de la Comunidad de Madrid. Sus gestos los ha sabido transformar en símbolos que marcan el camino que debe seguir su partido y eclipsan los escándalos que rondan a su alrededor (el Tamayazo, el caso de los espías y la implicación de gente de su confianza en la trama Gurtel). En definitiva, su enorme proactividad e instrumentalización de los medios de comunicación le permite fijar el guión de lo que se habla y marca la postura de su partido.

En este camino ha contado con dos aliados que espolean todas sus ocurrencias: Federico Jiménez Losantos y Pedro J. Ramírez. Ambos son sus principales supporters y a la vez la oposición de la oposición, es decir de Mariano Rajoy. Esto tiene un mérito parcial, pues Aguirre ha construido un molde en el que encaja perfectamente su electorado madrileño que le ha llevado a barrer al PSOE en Madrid y batir records que ya tiene en su haber como ser la senadora más votada de España. Pero Esperanza Aguirre ha descuidado un flanco clave: a La Moncloa no se llega con lo carpetovetónico por bandera. A la presidencia del gobierno se llega con una estrategia integral que esté alineada con muchas voluntades y sensaciones que habitan más allá de Somosierra y de los Montes de Toledo y en muchas zonas de España no se ven los relámpagos, pero si llega el eco de truenos y los relentes provocados por sus ventiscas mediáticas. Para llegar a La Moncloa es necesario un plan y un discurso ganador o muchos deméritos de los adversarios (esa es su mejor baza). Su discurso es hueco y en esa oquedad solamente resuenan los ecos de ocurrencias prefabricadas para mayor algarabía de sus huestes.

Lo tendría más fácil si sus asesores (¿los tiene?¿tienen ascendencia sobre ella? ¿se deja asesorar? ¿son buenos?) aprendiesen lo mejor de Sorensen o Favreau para construir discursos políticos que sean un verdadero big one, o que manejasen la pericia de Luntz para que sus consignas dejasen de ser efímeras y sin calado. No es por dar pistas, pero la táctica solamente satisface lo cercano y lo local. La estrategia es la clave y el molde que Aguirre ha construido a base de golpes de efecto en Madrid es simplemente pequeño y no apto para el resto de España. En cualquier caso, aún le queda tiempo, poco, pero es suficiente si su obsesión por los relámpagos la transformase en lluvia fina. Me temo que a estas alturas la resistencia a cambiar es demasiado elevada y la ventana de oportunidad está cada vez más cerrada.

La salida de Güemes es un indicador malo para Aguirre...

domingo, 7 de marzo de 2010

Atributos de la Innovación

Innovar no es hacer cosas nuevas o desarrollar negocios digitales y tecnológicos. Estas prácticas pueden ser ocurrencias o meros inventos si no son percibidas como nuevas y adoptadas como tales por los públicos a los que van dirigidas. En definitiva, que una idea, práctica, producto o servicio no es una innovación por muy rompedor o rompedora que sea, salvo que adquiera un índice de penetración social que alcance al menos a una mayoría temprana.

Muchas responsables de innovación en las organizaciones deberían revisar la obra La Comunicación de Innovaciones (1971), de Everett Rogers y Floyd Shoemaker. Ambos autores identificaron los atributos básicos que caracterizan cualquier innovación. Lo cierto es que una idea, producto o servicio que cumpla con al menos tres de los cinco atributos es garantía de éxito. En  Diffusion of Innovations (1983), Everett Rogers mejoró y actualizó el modelo difusionista y de adopción que acuñase con Shoemaker 12 años atrás. Estos son los atributos:

1. Ventaja relativa: un sujeto adopta una idea superior a otra. Los adoptantes estiman que al adoptar la innovación disponen de una serie de ventajas de las que no dispondrían si no la adoptasen.

2. Compatibilidad: entre la innovación y los valores y necesidades que guían al receptor.

3. Complejidad: cuanto más compleja es una innovación, menor grado de comunicabilidad de adopción le corresponde. Los miembros de un determinado sistema entenderán algunas innovaciones con mayor facilidad que otras, que serán adoptadas con mayor lentitud o serán rechazadas.

4. Observabilidad: Rogers y Shoemaker definen este atributo como el grado de visibilidad de los resultados de una innovación para los otros.

5. Experimentabilidad: o posibilidad de la que disponen los potenciales adoptantes para experimentar la innovación de una manera restringida. Los sujetos adoptarán con mayor facilidad las ideas que puedan experimentar por partes.

La mayoría de los fracasos en innovación están relacionados con la ausencia de compatibilidad. El empeño de romper el estatus quo dominante hasta la fecha en lugar de hacer convivir la propuesta innovadora con él, es el principal error. Las zonas de confort de los destinatarios hay que respetarlas, entenderlas y espolearlas. Esto último, espolear, hay que hacerlo de manera progresiva. La compatibilidad es la clave para innovar con éxito.