miércoles, 28 de diciembre de 2011

El extraordinario legado periodístico de Manuel Chaves Nogales


Imagen: www.manuelchavesnogales.info

Tenemos que agradecer a Libros del Asteroide que nos haya rescatado la obra periodística de Manuel Chaves Nogales, probablemente el mejor periodista español de todos los tiempos.

Chaves Nogales, ha estado casi 70 años en el limbo propiciado por la sepultura masiva de talento que trajo el franquismo. Mucho de este talento se ahogó en el peor de los exilios, el exilio interior, el que sufrieron millones de españoles que vivieron a este lado de los Pirineos y asistieron a la involución intelectual y a la metástasis del imaginario cutre, nacionalista y beato que impuso el régimen. Otros, como el caso de Chaves Nogales, con una intensa y prolija actividad periodística, sufrieron un doble escarnio, el del exilio físico y el de la sepultura de su obra. En ese erial de décadas, tres generaciones de españoles se diluyeron repartidas por el mundo y otras tres crecieron en el páramo intelectual, aferrándose a su propia intuición (aquellos que querían  confirmar que las cosas no eran como les habían contado), con la rebeldía personal como arma. Así, gracias a ellos, la cultura enferma del país enfermo empezó a retomar las constantes. Pero la inercia de lo pacato nos dejó, años adentro, una ardua recuperación de lo mejor que habían parido aquellos que tuvieron que marcharse. Tan es así, que, más de veinte años después, hasta principios de los dos mil, la obra de Chaves Nogales no tenía siquiera una mención en los libros de historia del periodismo de las facultades de periodismo y comunicación españolas.

Insisto, hay que aplaudir la iniciativa de Libros del Asteroide y especialmente el esfuerzo de gente como María Isabel Cintas que, remontando aguas arriba en hemerotecas de todo el mundo, han recuperado textos extraordinarios que Manuel Chaves Nogales escribió en el Evening Standard, como es el caso de La Defensa de Madrid.

¿Por qué es Manuel Chaves Nogales, bajo mi punto de vista, el mejor periodista español? Porque nunca toma partido, es la pluma más objetiva que jamás he leído en la historia del periodismo en España; porque innovó en el punto de vista del narrador, algo poco habitual en los años veinte o treinta en Europa. Solamente hay que leer su magnífica biografía sobre el matador de toros Juan Belmonte para entender el valor de una biografía narrada en primera persona y por entregas hasta completar un soberbio relato de la vida de Belmonte; también es el mejor porque su estilo narcotiza las pasiones y las tomas de partido con una prosa sin alardes, sin adornos, fluida y directa. No deja concesiones a la interferencia de sus posibles intereses, ni tampoco a los del medio que le pagaba en cada momento. Por último, creo que es el mejor porque todos sus escritos destilan un certero trabajo de documentación que pone al servicio de sus textos para darles a todos una patina cinematográfica, años antes de que el cine estallase como referencia narrativa en el siglo XX.

Inmerso en la obra de Chaves Nogales, no puedo evitar las comparaciones. Hoy, no soy capaz de afirmar que no existen periodistas buenos, pero sí de decir que las empresas editoras y grupos de comunicación actuales han diluido la función del periodista y la han abocado a lo urgentísimo, efectista, polémico y simple, sea o no el objeto de la noticia algo que encaje en una de esas categorías. Hoy, abrir un periódico en España, leerlo en Internet, escuchar la radio o seguir las noticias en televisión es sinónimo de intencionalidad. Explícita o implícitamente, en todas las informaciones hay un canalla o al menos un sospechoso de serlo, bien sea político, empresa, individuo o colectivo. Son escasísimas las informaciones que dejan al receptor sacar su conclusión y esto, a mi juicio, denota una carencia de calidad. Por eso recomiendo leer a Manuel Chaves Nogales porque, sin ninguna duda, es la mejor clase de periodismo que uno puede recibir en España en estos momentos.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Cosas positivas mientras pasamos el 'muro'



El que corre o ha corrido sabe que, durante una carrera larga, hay días en los que de repente las piernas no responden. Puedes tener por delante ocho, diez o tres kilómetros. Da igual, quede lo que quede, la sensación es de arrastre, de imposibilidad, de que queda un hueco insalvable. En esos momentos solamente vale la fortaleza mental, repetir un mantra y salvar el muro. El tiempo es lo de menos, lo importante es pasar esa zona de ciénaga y bloqueo. Se pasa. Sí, claro que se pasa. Las carreras largas tienen eso, que lo importante es correrlas y llegar porque la satisfacción está en sentir que pasan los metros, los kilómetros. Saber que no todo es físico, que disfrutas de una suerte de no lugar en el que uno puede ordenar o desordenar sus pensamientos o simplemente sentir el frío o el calor, el bombeo del corazón o como el cuerpo va ajustando y sincronizando todas sus funciones para que todo funcione bien, para que el esfuerzo no supere a la máquina y que la máquina tome el control. Pasando kilómetros. Lo importante es llegar.

No puedo dejar de encontrar cierto paralelismo entre lo que pasa hoy en España y un corredor en mitad del muro durante su carrera. Estamos a punto de parar y es hora de mostrar, de una vez por todas, una actitud diferente, dejar espacios a mantras más positivos y vigorizantes. Podríamos quedarnos con el necesario pero neutro ‘es el momento de la responsabilidad’, pero me parecen mucho más interesantes mantras y actitudes como, por ejemplo, dedicar diez minutos al día a hablar bien de los demás. Hay mucha gente con unas actitudes extraordinarias y normalmente dedicamos gran parte del tiempo a criticar a los otros. Esto lo aprendí de Matthieu Ricard y tengo que decir que favorece el blanqueo interno.

Otra puede ser dejar de embocar al emprendedor como si fuese un suicida en un mundo de empleados por cuenta ajena.

Otro puede ser desterrar la rapidez y el corto plazo de cualquier métrica de éxito personal, profesional y empresarial. La reflexión y la calma suelen generar mejores teorías que son esenciales para construir mejores prácticas.

Otra interesante sería agudizar el espíritu crítico y complejo y ser conscientes de que la simplificación, lo lacrimógeno y el alarmismo sobre el que se sustenta el actual discurso informativo no puede configurar nuestra percepción de las cosas y mucho menos narcotizar nuestra actitud ante el mundo en general y los problemas que nos afectan en particular.

Dejar de quejarnos por todo cuando disfrutamos de cosas asombrosas. Echad si no un ojo a este vídeo que os dejo. En clave de humor.


Todo es asombroso y nadie está contento from Aldea Irreductible on Vimeo.


Podríamos hacer una lista infinita, pero sugiero solamente uno más: impregnar de ética todo lo que hacemos