sábado, 24 de octubre de 2015

Una sencilla lección de estrategia de comunicación política



Pues ya está aquí. La política del espectáculo es hoy en España un fenómeno real larvado durante años y que ya es una realidad que decidirá el resultado electoral del próximo 20 de diciembre.

Este fenómeno se asentó en Estados Unidos en los años 50 y ya acumula ciencia social suficiente como para entender qué está pasando en España. Antes, varias premisas: la primera, las hordas de asesores de imagen y asesores de comunicación política que han acumulado los partidos andan perdidos. Su modelo no ha funcionado simplemente porque ninguno manejaba un modelo teórico válido; la segunda, esa falta de modelo situó la la estrategia de comunicación política de los partidos en el terreno de la rigidez, la impostura y la falta de credibilidad; la tercera, el terreno de juego en el que se disputa la batalla por la victoria se llama conversación y normalidad.

Respecto a la primera premisa, hay que decir que la estrategia política que hemos sufrido hasta la fecha estaba basada en lo que Popkin denominó en 1994 "ávaros cognitivos". Popkin afirma que los votantes suelen ser ávaros cognitivos porque no saben ni quieren manejar temas complejos y basan su voto en experiencias de la vida diaria que consumen en los medios de comunicación o que adaptan una vez han obtenido la información de sus entornos sociales más cercanos. De ahí la obsesión de los asesores por simplificar, repetir, aletargar y constreñir el debate hasta rigideces insospechadas y poco eficaces.

La segunda premisa es una derivada de la primera. Cuando restringes el espacio del debate y anulas la naturalidad de los candidatos, la credibilidad se resiente y si esta se resiente, la percepción positiva de los votantes se estanca o simplemente involuciona.

La tercera, nos enseña que cuando la estrategia de comunicación se basa en la relación con los medios de comunicación, es difícil abonar el terreno de la normalidad y la cercanía que,  a su vez, son los principales acicates para entrar en la conversación de la gente de manera positiva.

Por todo ello, la clave de la política como espectáculo, hoy, debe apoyarse en explotar el potencial de liderazgo de los candidatos apalancándose en las posibilidades que ofrece la comunicación en red, la conexión infinita de los nodos de influencia y hacerlo formando parte de ese ecosistema casi como si el candidato fuese uno más. Esta desintermediación de la comunicación hay que hacerla compatible con los hábitos tradicionales de comunicación intermediada, esencialmente a través de los medios de comunicación.

¿Por qué esta es la vía eficaz? Porque los votantes en general no confían en sí mismos como líderes, sin embargo, les encanta encontrar a alguien como ellos, pero con una capacidad desarrollada para dirigirlos. Esta tesis la han estudiado a fondo Kendall y Paine. Según estos autores, los votantes primero validan la honradez y las cualidades humanas del candidato y, superada esta fase de tanteo, entonces validan su eficacia, determinación y nivel de competencia.

Esa debe ser la secuencia lógica, hacer que validen su honradez y luego que validen el nivel de competencia. Hay que hacerlo sin formatos predeterminados ni rigideces. Solamente así, el líder que se precie, se habrá colado en el imaginario de los votantes y estará en disposición de enfilar su camino hasta el poder.

domingo, 27 de septiembre de 2015

La comunicación política y corporativa que viene



Imagen: fuente Zyncro

Cuanto antes lo asumamos todos, industria de los medios de comunicación, profesionales de la comunicación y consumidores de información, mejor. La atomización de canales, formatos, conversaciones y contenidos ha destrozado el estatus de la industria de la información.

La relevancia de un contenido o de una información ya no está asociada al rigor o a la calidad. Sí, es una desgracia y, como apuntaba Javier Marías, Internet probablemente haya organizado por primera vez en la historia la imbecilidad que antes empezaba y acababa en una charla de café o en la barra de un bar. Lo cierto es que es la realidad de nuestro tiempo y hay que armarse, afrontarla y entender donde están los puntos de apoyo para hacer las cosas mejor.

Veamos. El tráfico directo a los medios de información relevantes se desploma; el nivel de confianza sobre lo que se encuentra en Google o en otros buscadores y en lo que comparten terceros en las redes sociales se ha disparado (ver Edelman Trust Barometer 2015). La televisión y la radio decaen, pero permanecen estables en penetración y cobertura, aunque pierden credibilidad y confianza. Lo que imprime carácter de confiable a los contenidos es aquello que el usuario encuentra por sus medios y sobre lo que saca sus propias opiniones y juicios. Esto trae un cambio de paradigma para los profesionales de la comunicación: la voz de una organización se oirá y será considerada y aceptada por sus grupos de interés si esta voz surge de un contenido propio, este está bien posicionado y genera un correcto engagement social apoyado en las redes sociales. En definitiva, desintermediar la relación con sus públicos.

¿Quiere decir esto que las organizaciones y los políticos deben saltarse al medio de comunicación tradicional? La respuesta es no. La tendencia ganadora es la que haga compatible la manera de hacer comunicación tradicional con la generación de contenidos propios, la desintermediación, el posicionamiento y el engagement social. Estas normas condicionarán el éxito de la comunicación corporativa y política del futuro.


sábado, 13 de junio de 2015

De la marea a la política





En mayo de 2011 escribía en este mismo blog acerca de la necesidad de que el movimiento surgido tras el 15M se articulase en política real (#spanishrevolution debería ser un partido político). Bien, hoy, cuatro años más tarde, esto ya es una realidad en muchos ayuntamientos de España.

En aquél momento, vislumbrábamos mareas de indignación y al otro lado, un brote de preocupación por lo que podría pasar. Esa indignación se ha convertido hoy en cosa política gracias a los votos de los ciudadanos. Sin duda, las cosas están cambiando. Cambian las formas, los discursos, los aspectos,  cambia todo. Ahora es tiempo de hacer compatible lo que muchos ciudadanos esperan con el sentido común. Hay un gran reto para los que aún permanecen, corregir; hay un reto para los que llegan, aportar valor sin romper lo que ya funciona. Ni todo es tan malo ni todo es tan bueno.

Este blog trata sobre percepciones y, ojo, hoy más que nunca vivimos instalados en una gran burbuja de percepción de la realidad que, si no se deshincha y gestiona con sentido común, puede tornarse en frustración. Suerte a todos. Estaremos atentos.

Imagen. Fuente elmundo.es

viernes, 16 de enero de 2015

Amorfos y previsibles




El sentimiento de poder que tiene un individuo dentro de la masa es enorme. Su responsabilidad se diluye. Un individuo incrustado en una masa puede incluso tomar decisiones o reivindicar aspectos contrarios a sus intereses. Gustave Le Bon afirmaba que el individuo dentro de la masa es idéntico a una persona hipnotizada que ha perdido su ser individual-consciente. Anida en la masa –continúa Le Bon- un instinto profundamente conservador: sus explosiones revolucionarias son efímeras, la masa se cansa de sus desórdenes y pronto desea la servidumbre y el sometimiento. Intelectualmente, la masa es siempre inferior al individuo aislado (*).

Gabriel Tarde y Gustave Le Bon fueron pioneros en el estudio de las leyes de la imitación. Entendieron con gran precisión las mecánicas que rigen el comportamiento de las masas. El mérito está en que su análisis llegó un siglo antes de la irrupción de las redes sociales y de Internet. El impacto global de Internet en la vida de las personas ha cambiado la forma de comunicarnos, pero los resortes que rigen el pensamiento masa siguen inmutables. Tan es así, que probablemente hoy sea más fácil que nunca la prospectiva y anticipar las grandes tendencias que van a condicionar nuestro comportamiento colectivo. También es más sencillo que nunca encapsular soluciones y productos que generen necesidades o dependencias. Prospección, anticipación, estímulo y respuesta son los cuatro elementos que nos permiten entender el porqué de muchas respuestas colectivas.

La gran diferencia entre tiempos pasados y los actuales es que hasta antes de Internet, esta secuencia era unidireccional y top-down. Hoy, sin embargo es multidireccional y no necesariamente vertical. Este es el signo de nuestro tiempo, la manera en la que suceden las cosas son amorfas pero altamente previsibles.

Leyendo la magnífica biografía que ha escrito Jordi García sobe Ortega y Gasset, el filósofo español ya apuntaba en 1905, siendo aún muy joven, algunas ideas al respecto de las consecuencias de la vulgaridad a la que se ve abocada la sociedad cuando pivota sobre resortes masivos. En esa época el paradigma de pensamiento masa tenía su tótem en los periódicos. En una sociedad sin radio, ni televisión, ni Internet y con una población altamente influenciable, arremetía contra el periodismo (su familia controlaba El Imparcial, uno de los más influyentes del momento) porque propiciaba  que "las ideas se empuercan y se desarticulan, el caudal de fundamentos racionales se va haciendo cada vez menor y se acaba como hemos acabado nosotros por hacer paradojas de café a todo trapo sin sentido común científico"

En otro orden de cosas, leía las reflexiones del periodista Juan Luis Sánchez en su libro Las 10 mareas del cambio. Buen libro en algunas partes, especialmente para entender los nuevos discursos sociales y cómo estos están generando cambios importantes. Sin embargo en algunos argumentos es excesivamente dócil y previsible al no incidir en los lastres inherentes a los movimientos masivos y en la inevitable incompatibilidad de estos con la generación de ideas disruptivas, diferenciales y únicas. 

Es el signo de nuestro tiempo, el pensamiento masa ahoga al pensamiento complejo porque el segundo se mueve mal en el terreno de las mareas en red.



(*) LE BON, Gustave, Psicología de las masas. Ediciones Morata, Madrid 1986.  Quinta edición. Traducido por Alfredo Guerra Miralles (2005: 33)