domingo, 24 de octubre de 2010

El futuro del periodismo (y V): Internet



Después del título añado que el periodismo en Internet es en sí mismo un concepto excluyente: Internet ha pasado de ser un canal más a convertirse en un espacio de convergencia de muchos canales . Hoy sigue evolucionando y será el medio en el que se verá la televisión, se escuchará la radio y la música, se leerá gran parte de la prensa y se mantendrán conversaciones. Ya es así, pero aún conviven con fuerza pantallas desagregadas (la del laptop, la del iPad, la del smartphone y la de televisión). En millones de hogares se ha colado el hábito de las dos pantallas (ordenador y televisión a la vez), en muchos de ellos los más jóvenes consumen información y ocio exclusivamente en el ordenador y una parte aún gruesa mantiene su hábito de la pantalla de televisión en exclusiva.

Dicho esto qué rol desempeñará el periodismo en la era de la sociedad red. Bajo mi punto de vista, la primera víctima será (ya está herida grave) la agenda setting o el ADN organizativo del periodismo clásico: hasta la era de la sociedad red, los medios filtraban y establecían las prioridades de lo que era o no era noticia. Esta práctica ha llevado implícito siempre el problema de la influencia de los núcleos de poder en la fijación de temas y, a la inversa, ha dado pie a que muchos asuntos, aun siendo relevantes, eran sepultados en sordina con la excusa de secreto de estado, de salvaguardar intereses comerciales o simplemente por interés político. Hete aquí que irrumpe la tecnología en forma de Internet y, donde parecía que los usuarios serían controlados, resulta que los usuarios pueden añadir más transparencia a la gestión política y empresarial, o al menos inducirla. Wikileaks es el ejemplo más global que ahora tenemos, pero, al margen de su éxito, es lógico que millones de ciudadanos se pregunten por qué ningún medio del mundo nunca publicó ninguna de los asuntos filtrados y difundidos desde Wikileaks. Parece que los defensores del papel del periodismo tradicional que lo defienden como pivote equilibrante o desequilibrante quedan en entredicho. En el entorno periodístico tradicional uno vale más por lo que calla que por lo que dice y eso impregna la fisonomía de los medios tradicionales: urgentes siempre, livianos, superficiales pero también necesarios.

En la sociedad red que engrasa Internet

¿tiene sitio para el periodismo tal cual lo hemos conocido hasta ahora? NO;

¿la atomización de soportes que dan información añade rigor informativo? NO;

¿va a ser más fácil discernir entre opinión e información? NO;

¿será posible conocer asuntos que hasta ahora impensable verlos en prensa o en los medios tradicionales? ;

¿una cabecera tradicional tiene futuro en Internet si modifica los criterios de trabajo? ;

a pesar de todo y de las posibilidades que da el medio Internet ¿será más superficial aún la percepción de los usuarios respecto a la información que consumen? ;

¿hay futuro en Internet para un periodismo que evolucione los criterios de trabajo tradicionales a formatos más versátiles? ;

¿Queda espacio en Internet para el análisis y la información de calidad? Rotundamente SÍ.

domingo, 17 de octubre de 2010

El futuro del periodismo IV: la televisión



El periodismo en televisión está condicionado desde hace años por el ritmo que imprime el medio. La televisión es un animal distinto a todos los demás. Precisa de ritmo narrativo, encaje entre lenguaje visual y narración y sorpresa. La televisión es el único medio capaz de deformar los contornos del receptor. Exponerse a la televisión implica acabar deformando nuestra posición de receptores hasta tal punto que nuestra figura acaba empotrada en un sillón, repantingada en un sofá o casi levitando en el borde de una silla.


Esta ‘virtud’ y la dependencia de la imagen para dar forma a la narración periodística sume al periodismo televisivo en la imperfección del ‘sólo funciona si hay imágenes’. Por esto, el periodismo en televisión es un género pseudo cinematográfico. Las imágenes que acompañan a la narración contribuyen a enmarcar y a reforzar las consignas, el drama, la ironía o el sarcasmo. Tanto es así, que la componente de exageración de los acontecimientos hace de este género uno de los más influenciables de todos los géneros periodísticos. Al otro lado, el de los consumidores de la información, es necesario hacer un gran esfuerzo para no caer en el marco que impone la imagen si queremos que las emociones no acaparen la decodificación de los mensajes.

En la televisión actual, fragmentada en decenas de canales, la manera de tensionar y atrapar a la audiencia pasa por las conexiones en directo, por el está pasando ahora, aunque lo que esté sucediendo en ese momento no sea nada relevante ni trascendente. La clave del modelo pasa por posicionar el producto informativo como el ojo que todo lo ve. El directo no permite distinguir lo verdadero de lo falso. Este no distinguir lo verdadero de lo falso se inauguró a principios de los noventa con la primera guerra del Golfo, retransmitida en una especie de ‘directo’ plagado de luces fosforescentes e imágenes de movimientos de tropas en el desierto mientras los narradores, comentaristas y colaboradores de las televisiones norteamericanas apuntalaban las imágenes con sentencias y aseveraciones que construían un relato unidireccional. Bien, la primera guerra del Golfo fue un caso extremo, pero hizo escuela y ese modelo ha impregnado el futuro del periodismo televisivo actual: parcial, imperfecto, condicionado, cinematográfico, superficial, machacón y seguramente necesario para alimentar nuestras urgencias por saber (que no por conocer).

Michael Moore en su documental Bowling for Columbine revisa el tratamiento informativo que dieron al infanticidio cometido en su pueblo natal, Flint, las grandes cadenas de la red de televisión estadounidense. Moore es un personaje controvertido. Personalmente creo que el grado de demagogia visual y argumental de sus documentales es directamente proporcional a la hilaridad con la que es capaz de denunciar asuntos, acontecimientos, políticas o personajes a los que pocos osan tocar.

En cualquier caso, el ejemplo que utiliza Moore en su documental y en su libro Estúpidos Hombres Blancos, es un gran ejemplo que ilustra el tratamiento epidérmico que los medios de comunicación y los periodistas realizan sobre asuntos que requieren de una atención mayor. La secuencia es demoledora. Los bustos parlantes desplazados al lugar de los hechos por las cadenas de televisión, aparecen más preocupados por escarbar en la zona lacrimógena de los espectadores que en informar de los acontecimientos y analizar, aunque sea mínimamente, las causas de los sucesos.

La hilera de unidades móviles de televisión y de locutores postrados delante del instituto Columbine para vestir las informaciones con calificativos fáciles y emotivos; la preocupación de uno de los locutores estrella por aparecer bien peinado después de dramatizar su ejercicio informativo, son paradigma de la viciada acción informativa actual.

Una gran mayoría de periodistas asume cuáles deben de ser los elementos que caractericen su trabajo: simplificación, dramatización, sumisión a la línea editorial del medio y dosis de polémica. El resultado de esta combinación dará lugar a una buena historia, aunque la realidad diga lo contrario. De este modo, los medios informativos se yerguen como canales de vivencias poderosas y parciales.

Una vivencia mediática nunca suplantará a las experiencias, pero es necesario exigir que las informaciones sean lo más completas posibles. No pueden ser fotos fijas de hechos concretos, acontecimientos desvinculados de sus causas y efectos. Mucho cambiarían las percepciones y diferentes serían las conversaciones en la sociedad si las informaciones que consumimos abundasen en esta dirección. Muchos serían los clichés y lugares comunes que desaparecerían de la sociedad si las informaciones buceasen en las realidades, causas y consecuencias que circulan por las alcantarillas del sistema.

martes, 5 de octubre de 2010

El futuro del periodismo III: la radio


Fuente imagen: Taringa.net

La radio siempre vuelve. Su época dorada ocupó tres cuartas partes del siglo XX y la irrupción de la televisión y del vídeo la dejó a un tris de ir a parar allá donde habitan los mitos, pero no, mantuvo el tipo, y si lo hizo fue gracias a dos formatos: a las radiofórmulas y a los magazines de autor impulsados por estrellas de la radio, esencialmente periodistas, que han dado vida a la radio hasta llegar a la época de Internet.

La radio existirá siempre porque su esencia es la más humana de todos los canales de comunicación: la conversación. Escuchar lo que otros dicen es, además de un impulso casi innato, es una suerte de atajo del pensamiento autónomo. La radio permite recibir opiniones, impactos, posiciones, ideas, pensamientos estructurados que podemos hacer nuestros sin esfuerzos adicionales a la vez que hacemos cualquier otra cosa. Hoy, las emisiones radiofónicas han encontrado en el correo electrónico y en redes sociales como Twitter o Facebook a sus mejores aliados para dinamizar a sus oyentes sin necesidad de recurrir al manoseado recurso de pinchar a un oyente entregado en directo.


Pero ¿y el periodismo en la radio? Es de baja intensidad. La radio está tomada por la opinión pura y dura. Los informativos de la mañana echan las redes en los contenidos publicados por la prensa escrita y las ediciones online de la prensa tradicional. Seleccionan parte de estos contenidos, potencian aquellos que publican los periódicos afines y estos contenidos sirven de agenda para tertulias que, a su vez, son los semilleros de consignas ideológicas y empresariales. Pasado ese prime time de la mañana, casi todas las emisoras aparcan el periodismo de baja intensidad y se centran en la lisonja, las varietés y los deportes para contraatacar con el mismo formato en el tramo de la noche.


La radio es un medio meloso, agradable, un punto tierno y con una gran capacidad para influir y moldear voluntades. Siempre tuvo esas virtudes y las sigue manteniendo. Por eso el periodismo riguroso siempre será el suplente de lujo de la opinión y del análisis superficial. No desaparecerá, pero su papel quedará suspendido hasta que las grandes ocasiones obliguen a que tenga unos minutos de gloria.

Dejo otras reflexiones sobre el futuro de la radio en general:

Podcasting y el futuro de la radio.

El futuro de la radio y su relación con Internet (reportaje de Radio 5).

El futuro de la radio en enteratedeesto.com.