lunes, 14 de octubre de 2013

El Efecto Holograma




Hace 10 veranos estaba con mi familia en Zahara de los Atunes, Cádiz. Mi hija Lucía acababa de nacer y en los desvelos entre biberón y biberón comencé a tomar notas para un ensayo que titularía Comunicación y Poder. Llegué a acumular un manuscrito de casi 200 páginas. En el otoño de 2006, después de avanzar de manera irregular, decidí borrar todo lo que había escrito y me quedé con cinco folios y medio. Arranqué de nuevo a la par que el entorno sobre el que escribía cambiaba meteóricamente.

En 2010 dejé casi acabadas las escasas 100 páginas que tiene este libro. Renombré el manuscrito y lo titulé El Efecto Holograma. Y volví a parar. El manuscrito volvió a quedar durmiendo en mi ordenador.

Pasaban los meses y solamente mi mujer Cristina y mi amigo Louis López me preguntaban de vez en cuando por el libro. Louis me animaba a acabarlo con la chanza de que había que sacar al mercado un libro chomskiano. Obviamente el resultado no ha sido un libro chomskiano, pero sí un ensayo incómodo para lo que se estila en los entornos académicos; un libro sin más pretensiones que disfrutar de escribir tras leer mucho sobre comunicación, observar y experimentar más aún, indagar en las percepciones y analizar a fondo cómo se configuran las ideas, opiniones, criterios e imaginarios colectivos.

Este libro es el final de un interesante camino que continuará allá donde cualquier lector quiera.

El Efecto Holograma. Editorial Círculo Rojo.


sábado, 5 de octubre de 2013

Las pequeñas resistencias de Leónidas




Antes de la imprenta la principal ocupación del que no guerreaba o dedicaba su vida a buscar con qué mantenerse era la reflexión. Probablemente esta intensidad reflexiva derivada de la carencia de soportes materiales en los que centrar la atención, sea la clave para entender el porqué de la vigencia de muchas de las reflexiones de los filósofos de la antigüedad.

La imprenta revolucionó la manera de acceder al conocimiento y, progresivamente, la erudición fue ganando terreno a la reflexión. Hoy la interconexión ha dado pie a la sensación de saber. La erudición está denostada y la reflexión es un arte que practica un grupúsculo de resistentes en vías de extinción.

Hoy, hasta las experiencias están empaquetadas en vídeos, en pequeños axiomas digitales e ideas take away. La reflexión y el análisis son rara avis, nadie las compra y lo líquido impone la pauta. Hoy las experiencias son de otros y se diseminan con la lejana sensación de que dejamos algo nuestro en aquello que compartimos en redes sociales. Es una suerte de reflejo de lo que antaño se llamaba compromiso, experiencia y conocimiento.

En un entorno donde el mérito es empaquetar una idea y venderla en el tiempo que dura un viaje en ascensor, Leónidas se empeña en enrocarse en pequeñas resistencias perfectamente compatibles con el cambio permanente en el que vivimos.

Leónidas sigue enamorado del papel del libro mientras carga todos los días  con tres dispositivos inteligentes; Leónidas compra música en CD y paga las películas que ve cuando todo el mundo a su alrededor hace todo lo contrario; Leónidas se empeña en mantener un reducto de reflexión e intuición cuando defiende sus posturas, mientras el día a día se empeña en martillearle con un rodillo de opiniones, decisiones e ideas con hechuras a la medida de una conversación de taxi;  Leónidas persiste en mantener la palabra como elemento de acción cuando la vehemencia y la violencia verbal y no verbal se empeñan en anularla. Leónidas, en el fondo, muy en el fondo, se mueve en este nuevo mundo con la naturalidad contenida del que sabe que lo esencial siempre vuelve.