martes, 26 de febrero de 2008

DEBATE

Felicísimo Valbuena, uno de mis maestros y avanzado analista, investigador, sabio e innovador de la comunicación, escribía que "hay quien piensa que un debate ha ido bien si siente que ha vencido. No es exacto. Una persona puede vencer en un debate y salir con el prestigio muy deteriorado. Sobre todo, cuando se muestra queriendo vencer a cualquier precio y por todos los medios, sin excluir la crueldad" (Valbuena y El Mir, 1995: 545).

Esto es lo que le ha pasado a Mariano Rajoy en el debate con José Luis Rodríguez Zapatero. Su descarnada y catastrofista visión de la situación de España y las acusaciones al candidato socialista contribuyen a que se sintiesen felices y pletóricas las huestes reaccionarias del Partido Popular. Podría afirmar que Rajoy venció por su posición, pero no convenció por su condición, algo que trae tufos, en épocas muy diferentes, al episodio entre Miguel de Unamuno y Millán Astray.

Desde un punto de vista técnico, la agresividad excesiva de Rajoy marcó en muchas ocasiones la agenda del debate, pero Zapatero se mantuvo con una digna defensa solamente rota por algunos gestos que le situaban en el borde de la silla y señalando a su adversario con el bolígrafo en la mano. Es difícil controlar la inconsciencia del lenguaje no verbal cuando enfrente tienes al adalid del todo vale. No es fácil contenerse. En cualquier caso, el cierre del debate, el llamado por Carl I. Hovland, el efecto de recencia, puso en evidencia el discurso artificial del PP, capaz de pasar de la sordidez de la descalificación y la acusación, al folletín sensiblero de la niña que crece hasta convertirse en una mujer madura que sabe idiomas. Sobran los comentarios..... El efecto de recencia lo ganó Zapatero, sin ningún género de duda. El candidato socialista sintetizó la honestidad y el fin último de la política en la idea de "no puedo prometer el éxito de las personas, pero sí me comprometo a que todas las personas tengan las mismas oportunidades para que tengan éxito". Esta idea es la médula de la política, la que permite crear entornos y contextos favorables para que ciudadanos libres y autónomos hagan uso de esa libertad. Sin injerencias, sin intromisión ¿o es qué alguien cree aún que un político le solucionará sus asuntos domésticos?

Más reflexiones sobre el debate entre Zapatero y Rajoy en http://www.redprogresista.net/eldebate/

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