domingo, 6 de febrero de 2011

Pensamiento superficial



El que suscribe estas entradas en Marcomplan, siempre ha sido y se ha considerado un lector compulsivo; más tendente al pensamiento complejo que al único y más proclive a las lecturas y reflexiones sostenidas, más profundas que superficiales; de reacciones lentas pero firmes ante cualquier acontecimiento. Este esquema de consumo de información lleva inevitablemente a una tipología de pensamiento más lineal y con un eje de penetración más, digamos, profundo que superficial.


Dicho esto, mi día a día me aboca a un ritmo muy diferente al descrito. Recibo una media de doscientos correos electrónicos diarios, accedo a twitter en numerosos no momentos (en no lugares, como diría Juan Cueto), especialmente en aeropuertos y desplazamientos en tren; Internet y la cultura del hipervínculo me permiten acceder a infinidad de fuentes antes solamente accesibles dedicando decenas de horas a la semana en bibliotecas, archivos y lecturas íntegras de volúmenes. Esta manera de trabajar ha modificado sustancialmente mi manera de pensar: leo más rápido, logro construir esquemas generales de situaciones diversas de una manera mucho más ágil y sencilla que años atrás. Las posibilidades de saltar de una fuente a otra debería ser una ventaja para el desarrollo del pensamiento complejo, sin embargo, esta situación me ha llevado, paradójicamente, a desplegar un pensamiento más superficial. El exceso de interferencias cuando salta un tweet, un correo electrónico o cuando tropiezo con un hipervínculo en mitad de un párrafo de algo que estoy leyendo y rompo el flujo de la lectura para hacer un click y saltar a un tema completamente distinto, todo esto lleva inevitablemente a desarrollar un pensamiento más superficial. A mí y a cualquiera.

Este fenómeno que describo no es una sensación exclusiva. Como siempre, personas con más avidez, criterio y persistencia que yo, ya han analizado el tema. En diciembre de 2010, José Manuel Blecua, el nuevo presidente de la Real Academia Española de la Lengua, afirmaba que “hoy se escribe más que nunca, pero la gente no comprende lo que lee”. Blecua es el mismo que en los años ochenta dotaba de hilo y contenido aquél programa llamado Hablando Claro, una clase magistral en directo antes una audiencia media de ocho millones de personas, cuando solamente había dos canales en España. No puedo estar más de acuerdo con esta afirmación del profesor. Seguramente este no comprender sea la variable más importante del auge del pensamiento superficial.

Además de la potencia y sencillez del planteamiento de Blecua, me quedo con el magnífico libro de Nicholas Carr: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? Superficiales (Editorial Taurus). Carr ha descrito este fenómeno con una sencillez y amenidad exquisitas.



Yo mismo, por cerrar la reflexión iniciada al principio de este post, he logrado sumergirme en una línea de consumo informativo más reposado al haber desconectado del entorno Internet (salvo el correo imprescindible de trabajo) más de dos semanas. Esto me ha permitido disfrutar de la lectura reposada y profunda. Mi conclusión es que, en los tiempos que corren, no podemos vivir en una escalada de picoteo frugal de la información sin profundizar en nada. Tampoco podemos vivir aislados de este fenómeno y sumergirnos en legajos y libros privándonos de la mejor virtud de la sociedad red: la accesibilidad. Lo mejor de los dos mundos es una sinergia ganadora.Me abono a esta sinergia.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Interesante reflexión, muy relacionada con lo que "publicitariamente" se ha llamado la cultura del snack: tristemente, consumimos cada vez más pequeñas porciones de información, picoteando de mil fuentes a la vez.

Personalmente, y en un entorno cada vez más digitalizado (y digitalizante, con todas las implicaciones que esto tiene) soy un firme defensor de los sistemas de información y aprendizaje analógicos, es decir, aquellos que desarrollan un poso de conocimiento basado en el contexto de lo que hay alrededor de cada una de las píldoras que recibimos, al margen del sentido que cada una de ellas pueda tener en sí misma.

Viva la digitalización, pero con un sentido práctico y no pervertida como fin en sí misma.

Meadow dijo...

Difícil equilibrio entre la facilidad de acceder a todo y la dificultad de tener tiempo para conocerlo...

Tiempo, esa es la clave.

Un escritor español, Benjamín Prado, acuñó un término que empieza a imponerse en redes, "la cultura del picoteo" para referirse a este fenómeno sobre el que reflexionaba en las páginas de El País.

http://www.benjaminprado.blogspot.co.uk/2011/11/reflexion-tecnologica-imprescindible.html

Lo difícil no es leerlo, es tener tiempo para hacerlo.