domingo, 13 de mayo de 2012

Cambios infinitos



El ritmo de cambios infinitos seguía su curso. Ruth miró cómo descolgaban las dos banderolas de una farola y confirmó que en su lugar colocaban otras anunciando una obra de teatro. Habían pasado algo más de veintiséis años y pequeñas rutinas como la que acababa de presenciar se habían repetido hora a hora, día a día, desde que su padre murió.

La secuencia de pequeños y grandes cambios había dibujado un mundo muy distinto al que él había conocido, pero tenía una mínima convicción, mínima pero suficiente, de que en cierto modo él seguía vivo cada vez que le recordaba, cada vez que se sorprendía por algo o cada vez que se preguntaba por la suerte que ella tenía al poder seguir asistiendo a este ciclo sin fin.

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