domingo, 13 de marzo de 2011

Liberales, leyes y republicanistas.


Las leyes, nos gusten o no, son las que ocupan y regulan ese espacio de interferencia que siempre existe cuando los que practican algo (y piensan que nada ni nadie puede decirles que no) asaltan e invaden espacios ajenos. Esta práctica de 'a mi nadie me dice lo que tengo que hacer' es el ideal de libertad de los liberales de toda la vida.

En el extremo opuesto están los que entienden la libertad como un espacio en el que todo puede caber, aun sabiendo que es preciso renunciar a ciertas licencias. Este equilibrio es el que permite que los excesos de unos pocos no invadan, molesten o interfieran en la opción elegida por otros. Es la esencia de la vida en sociedad. El liberalismo salvaje provoca excesos y la interferencia continua de consignas unívocas, ya nos enseñó el siglo XX que no era una buena fórmula. Tal vez las tesis republicanistas de Philipe Petit sean las ideas mejor estructuradas sobre este asunto que se hayan plasmado por escrito en la última década.

Hoy, leyendo algunos blogs que sigo, me topé con este artículo que José Andrés Torres Mora ha publicado recientemente en La Opinión de Málaga y que recoge en su blog.Una pequeña y excelente reflexión sobre esto mismo.

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