jueves, 1 de julio de 2010

Teoría de la comunicación contra el terrorismo de ETA


No hay buena práctica sin una gran teoría que la sustente o, mejor dicho: solamente las buenas teorías garantizan grandes planes.


La Teoría de la Comunicación nos ha dejado importantísimos enfoques que inciden en las tendencias sociales y, estas las tenemos en los libros que nos han dejado Noelle Neumann, Everett Rogers, Karl Buhler, Havelock, Watzlawick... Sin embargo nos empeñamos en buscar las claves en foros caros, con mucho foco, mucho gurú (qué término más insano para el pensamiento complejo) y con escaso fondo teórico, aunque llenos de efectos, como Expo Management, más del 90% de los programas las escuelas de negocio, por citar dos casos.

Después de releer la obra de Noelle Neumann, diseccionarla y procesar su magnífico libro La espiral de silencio, más convencido estoy de que la experta alemana dio con la clave para haber fundado una estrategia de calado social contra el mayor y mejor soporte que ha tenido ETA durante sus más de 40 años de existencia: el apoyo social amplificado por el silencio de los que tenían y siguen teniendo miedo y engrasado por el chivatazo y el colaboracionismo

El miedo al aislamiento social hace que individuos opinen contra su propio juicio o simplemente silencien sus criterios. Este es el núcleo de la teoría de la espiral de silencio de Elisabeth Noelle Neumann. Sin embargo, la teoría de NN toca todas las claves del entramado social y psicológico que ha mantenido vivo el espíritu terrorista de ETA: el miedo al aislamiento como motivo de conducta. La autora alemana sostiene que las personas temen más al aislamiento que al error y esto induce conductas tan irracionales como autoincluirse en el grupo de los que dan cobertura a los pistoleros en lugar de censurar la violencia.

Otra clave: el miedo al aislamiento conduce a la imitación. El carácter negativo de que a uno le pongan etiquetas como ‘conformista’ o ‘gregario’ dispara el miedo al aislamiento. Cambiemos estos dos términos que utiliza NN y pongamos txakurra (término despectivo que se le ha dado a guardias civiles o sospechosos de ser afines) frente a gudari (soldado en euskera para denominar con carga épica a los que se adhieren a la causa independentista). Son sólo dos ejemplos, pero el abanico de términos despectivos que han fomentado la imitación y el error para dar cobertura a las tesis violentas ha sido tan dañino como el entramado financiero que ha dado oxígeno a ETA.

La tercera gran clave de La Espiral de silencio de NN: el peligro al aislamiento o a sentirse rechazado por el entorno induce a la gente a permanecer en silencio y ha sido este silencio el mejor caldo de cultivo para cuidar la cantera de bombers y pistoleros a la vez que los afines a la violencia se crecían a base de chivatazos que llevaban inevitablemente a otro asesinato. Mientras tanto, al amparo del silencio, muchas familias y amigos han dado cobertura a terroristas.

Lo que quiero ilustrar con esto es que la estrategia policial y la política son relevantes, pero que la teoría de la comunicación nos ayuda a decodificar claves sociales que deben servir para desarrollar también estrategias sociales y comunicacionales que permitan trabajar en la buena dirección de la paz. Es imposible desactivar por la vía solamente política consignas como ‘el algo habrá hecho’ que se estiló en Euskadi especialmente en los años ochenta cuando caía un policía, un militar o un guardia civil. La teoría de la comunicación, como decía al principio de esta entrada, permite desplegar planes con calado sociológico para que deje de ser normal que una vecina entre en el portal de su casa como si no hubiese pasado nada cuando su vecino yace muerto con dos tiros en la cabeza . Bajo mi punto de vista, el asesinato a cámara lenta de Miguel Ángel Blanco el 12 de julio de 1997 generó un movimiento social espontáneo que acojonó a muchos de los que daban cobertura a los amigos de los pistoleros. De repente, algunos de los que andaban callados o acobardados, empezaron a mirar a los ojos y a señalar a chivatos y cooperantes y muchos de estos empezaron a sentir miedo a quedarse en la minoría ede los que se habían instalado en el error. Esa era y es la clave, usar el arma del miedo al aislamiento para dejar inermes a los cooperantes y solos a los de las pistolas.

No puedo dejar de reivindicar la importancia de una buena teoría para que los planes de comunicación con alto calado social adquieran un papel más importante en la vida política y empresarial actual.

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