viernes, 15 de enero de 2010

Gestionar la imagen: la gran oportunidad

Hagamos un ejercicio: respondamos mentalmente si los siguientes colectivos o grupos profesionales tienen buena o mala imagen: taxistas, controladores aéreos, SEPLA (Sindicato de pilotos), notarios, constructoras e inmobiliarias, sindicatos, la clase política, la SGAE, empresas, ONGD, automoción, agricultores. Son sólo algunos ejemplos. Ahora hagan zoom y piensen en empresas, partidos u organizaciones concretas que formen parte de alguno de estos grupos.

Estoy convencido de que en la mayoría de los casos arriba citados, la imagen que tenemos de estos grupos o de las empresas y organizaciones que los componen no está a la altura de la importancia de la función social o económica que realizan. Claro, hay excepciones, pero lo cierto es que este desajuste reside en la mala gestión del corporativismo y también en la mala proyección pública de su función. En definitiva, falla la gestión de la imagen y sus principales herramientas: la comunicación, las relaciones públicas y el lobby.

Si echamos la vista atrás, hace menos de diez años, la gestión de la imagen no se consideraba o simplemente residía en los primeros directivos, no estaba profesionalizada o estaba básicamente desestructurada. Ahora esto ya no es así. Los profesionales están, lo que no está y no se espera, es la disposición a entender la gestión de la imagen como un activo clave para asociaciones, gremios, partidos políticos, empresas, ONG, empresarios, etc.

La gestión de la imagen debería ser ya una de las leyes básicas del management ¿Por qué? Porque en la gestión de la imagen subyacen los 5 pilares básicos que permiten construir una imagen empática, solvente, responsable y diferenciadora:

1. La pauta del discurso público que hay que utilizar en cada momento.
2. La gestión de los momentos y los contextos para comunicar y dónde comunicar.
3. La manera de poner en valor lo bueno que hay en las organizaciones.
4. La manera de gestionar los egos colectivos e individuales y como hacerlos compatibles con las expectativas e intereses de los grupos de interés.
5. La construcción de reputación, que no es otra cosa que el grado de confianza que marcas, organizaciones y personas generan en los grupos de interés.

Para cerrar, quiero ilustrar esta entrada invitando a leer este post del profesor Felicísimo Valbuena al hilo del conflicto entre los controladores aéreos y el ministro de Fomento José Blanco. Después de leerlo, es necesario echar un vistazo a los comentarios. Es un buen ejemplo de cómo un colectivo poderoso y bien pagado terminará perdiendo la batalla de la imagen. Esta pérdida supondrá el fin de los privilegios de un gremio. Tiempo. Esto ocurre cuando no se aprecia la gran oportunidad que supone incrustar la gestión de la imagen a la dirección de las organizaciones y que esta gestión se haga de manera sistemática, responsable, estructurada y profesionalizada. Otro día escribiré sobre el perfil que deben tener los profesionales de la comunicación. Salud.

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