domingo 7 de febrero de 2010

Lobby

El lobby es una herramienta de un calado importante que forma parte de cualquier estrategia de comunicación que aspire a ser completa. Sin embargo, su práctica está rodeada de mucho desconocimiento y no está exenta de cierto estigma. Vamos por partes: qué es un lobby, qué razones hacen que esté tan mal visto y qué define una buena acción de lobby.


Qué es un lobby
La esencia del lobby es influir en las decisiones del poder ejecutivo o legislativo a favor de intereses industriales, sectoriales, sociales o políticos. El lobby puede practicarse de manera directa, cuando el lobista trabaja con los poderes políticos o indirecta, cuando trata de crear escenarios de opinión favorables a los intereses de su representado. Podemos afirmar que un lobista ha alcanzado su objetivo cuando escucha sus argumentos en boca del legislador o del miembro del ejecutivo de turno cuando cualquiera de ellos defiende una propuesta en la tribuna de un parlamento.

Se trata de una práctica muy antigua. Influir en el poder es una práctica tan antigua como la socialización, pero el lobby como práctica estructurada y profesionalizada, toma nombre y dimensión cuando representantes de las clases influyentes inglesas, trataban de incidir en las decisiones de los parlamentarios en la antesala (lobby) del parlamento antes de los plenos.

Qué razones hacen que esté tan mal visto
Dicho esto ¿por qué el lobby tiene tan mala prensa? Primero depende del grupo o la causa a la que represente el lobista. Grupos y causas hay miles. Unas son loables y otras despreciables, pero la ética de cada cuál es la que determina al servicio de qué o de quiénes pone uno tu talento. En cualquier caso, lo peor que le ha podido pasar al lobby es que se le defina como grupo de presión. Esta denominación es dañina per se y no es lo mismo articular una estrategia de comunicación con la intención de convencer al legislador de que sus decisiones pueden afectar negativamente a una parte de la sociedad, que comprar voluntades, manipular o tratar de imponer posiciones excluyentes o dañinas para terceros. Bajo mi punto de vista, una de las prácticas más nocivas para el lobby ha sido que los grandes despachos de abogados lo incluyan en su portfolio de servicios diluido en sus servicios de asesoramiento jurídico a grandes clientes.

Qué define una buena acción de lobby

Lo que define una buena acción de lobby es la ética. Esta no está reñida con el cumplimiento de un objetivo que otorgue, por ejemplo, ventajas comerciales a un sector de actividad. Tampoco es incompatible con la defensa de intereses de colectivos sociales o pretensiones que afecten a asuntos religiosos o morales. Lo que distingue una buena acción de lobby de una mala praxis no es el fin, es el medio que se utiliza. Lo que defiendo desde aquí es que el lobby sea una palanca imprescindible en un plan de comunicación y abogo por un registro europeo de lobistas que añada luz y taquígrafos a una actividad sana y necesaria. Solamente de este modo quedarán apeados de la carrera muchos que sí ejercen de grupos de presión, pero no de lobistas.

2 comentarios:

Braulio Garmendia dijo...

El registro de actividades de Lobby es necesario. Comparto lo que dices de que los despachos de abogados hacen daño al lobby y se confunde esta actividad con otras que no son lobby como los grupos de presión, el tráfico de influencia y los sobornos, entre otros.

Marcomplan dijo...

Braulio, plena sintonía.

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Comunicación e Innovación

Comunicación e Innovación
En octubre de 2007 publicaba con la editorial Fragua (www.fragua.com) el libro 'Comunicación e Innovación'. Esta obra, base de mi tesis doctoral defendida durante el verano de 2003 en la Universidad Complutense de Madrid, aborda la Innovación desde una perspectiva difusionista. El resumen de la tesis puede concretarse en que sin una correcta comunicación, las ideas, hechos o productos novedosos no serán percibidos ni adoptados por los públicos destinatarios. Cierto es que desde finales de los noventa, el concepto Innovación ha sido objeto de mención y tema para libros, pero siempre desde una óptica operativa o semántica. Abordar la comunicación como un elemento comunicable no es habitual, especialmente desde que Rogers y Shoemmaker dedicasen sendas investigaciones a la difusión de la innovación allá por el año 1971. Cualquier persona interesada en el libro puede adquirirlo en librerías especializadas o en librerías online, incluída la tienda virtual de Fragua.