domingo, 9 de septiembre de 2012

Algunas lecturas buenas III



Flor de verano. Foto realizada por Nacho Jiménez en Candeleda, Ávila. Agosto de 2012

Ahora que los niños empiezan el colegio, cierran las piscinas y los que afortunadamente tienen trabajo casi todos ocupan sus puestos, podemos dar por finalizado el verano. No ha terminado el estacional, sino el experiencial, el del disfrute, el de los tiempos ampliados para el ocio, el del descanso, el de la actividad distinta a la rutinaria o el de la rutina diferente.

El que esto suscribe debe subrayar que este verano ha sido excepcional. No solamente por haber podido descansar lo que necesitaba, deshacer lo aprendido para aprehenderlo de verdad y dedicarme a hacer muchas de las cosas que el resto del año no he podido hacer, sino porque he podido vivirlo con lentitud, con parsimonia, con intensidad y con la cadencia justa para saborearlo con los míos.

En este tiempo, una de las mejores medicinas es devorar libros. Al igual que hiciera en entradas previas, dejo algunas referencias destacables de lo que he descubierto o simplmente de aquello que he recuperado en segundas lecturas y que merece la pena recordar. Disfruten:

Todo a Mil, de Javer Gomá Lanzón. Se trata de 33 bocaditos de filosofía publicados (salvo dos de ellos) en el suplemento Babelia de El País. Algunos son tan deliciosos, que será difícil encontrar a alguien que no coincida en que Gomá Lanzón es hoy uno de los intelectuales más sólidos que tenemos en España.

Cultura Mainstream, cómo nacen los fenómenos de masas, de Frédéric Martel. Una interesante investigación de los templos multinacionales de la industria del ocio: usos, costumbres y resortes en boca de sus protagonistas. 

Selected Essays, de George Orwell. Una selección publicada en 1957, pero de plena vigencia, especialmente Politics and the English Language y Shooting an Elephant. Orwell fue tan bueno, que no es de extrañar que lo bárbaros y romanos de los think tanks políticos pujen por interpretar sus tesis y aprovecharse de ellas.

Esto en cuanto a no ficción. En ficción, me quedo con el impactante, excelente y gran libro de Roberto Bolaño, Los Detectives Salvajes. La relectura ha sido una bomba antiletargo para prevenirme durante todo el año de la mala literatura que se extiende a lo largo y ancho de las grandes librerías. Bolaño sí, y Murakami también. El japonés ha sido otro gran compañero de viaje durante estos días. Recomiendo los relatos de Sauce Ciego, Mujer Dormida

Una última mención al penúltimo compañero literario del verano: Gay Talese. No desbanca a Chaves Nogales en honestidad periodística, pero este tipo estaba dotado de una técnica exquisita para ejercer la profesión. Otra bomba de oxígeno ahora que el periodismo se desangra víctima de la indolencia propia de su modelo de negocio y de producción de contenidos.

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