sábado, 12 de junio de 2010

Mentiras, redes y oportuniddes

El exceso de trabajo me ha dejado sin tiempo para dedicar un rato a actualizar éste blog. Disculpas a todos los que, por fidelidad, por mera curiosidad o por simple coincidencia, seguís u os encontráis con los contenidos que aquí vierto de vez en cuando.


La sociedad actual vive inmersa en la mentira más absoluta, clamaba hace años mi siempre admirado Jacques Derrida. Esta aseveración es hoy una enorme verdad. Estamos inmersos en un flujo de percepciones tornasoladas que cambian de tono según sean las circunstancias. Hace varios años, las agencias de rating daban triple A (máxima valoración de la calidad de la deuda) a entidades que poco después se derrumbaban como esculturas de arena ante un golpe de mar. Es obvio que todos sus diagnósticos eran mentira y, sin embargo, a pesar de su error, siguen emitiendo juicios y valoraciones (pero ahora focalizadas en la deuda de países) con capacidad para quebrar un país o quebrantar al menos su normal discurrir ¿Serán verdad o serán mentira de nuevo?

Estos ‘vaticinios’ (remarco en esta parentética la sorna que otorgan las comillas), nos tienen a todos en jaque, alimentan páginas y páginas de prensa, horas y horas de radio y televisión y enormes ristras de caché acumuladas en nuestros navegadores. Al hilo de esto, también ha habido ‘vaticinios’ acerca de la refundación del capitalismo y, cuando todos esperábamos la eclosión de la contra, resulta que nos hemos quedado escuchando el sonido del silencio…bssssss. No, alguna voz se oye, dispersa, pero me quedo con la que se oye más nítida, la de Susan George, que es de las pocas que mantiene la llama encendida desde hace años ¿Anticipa algo?

Yo estoy aburrido de oír hablar de la crisis porque pasará, si no está pasando ya. Pero estos tres años me han servido, a mí al menos, para ser aún más relativista, si cabe. La política ideológica murió hace años y muchos se han dado cuenta ahora. La real politik es la única que permanece y es bueno que todos los asimilemos, sin que nos duelan los sentimientos que todos tenemos, que todos llevamos.

La cultura democrática actual está basada en los procesos, no en programas concretos. Esto es intrínseco a la sociedad red. Por mucho que los aspirantes a gobernar se enroquen en programas, el frenesí atemporal que impone la sociedad global, obliga al ajuste sobre la marcha. Lo estamos viviendo prácticamente en todos los países del llamado primer mundo. El flujo es el fin. El profesor Castells lo resume magistralmente en su libro Comunicación y Poder:
la mayor parte de las funciones dominantes en la sociedad red (los mercados financieros, las redes de producción transnacionales, las redes mediáticas, las formas de gobernanza global en red, los movimientos sociales globales) se organizan en torno al espacio de flujos. No obstante, este espacio de flujos no carece de lugares. Está formado por nodos y redes, es decir, lugares conectados mediante redes electrónicas de comunicación a través de las cuales circulan e interactúan flujos de información que aseguran la simultaneidad de las prácticas procesadas en dicho espacio
Interpretar y gestionar esta realidad es el reto. Creo que estamos ante una situación cargada de simbolismo y oportunidad:

En lo social hemos constatado que estar hipotecados sólo trae parálisis, silencio y falta de contestación. Debemos aspirar a ganar más espacios de libertad individual y de autonomía intelectual para no ser definitivamente una pandilla de adocenados.

En lo político hemos aprendido que la responsabilidad y los valores (los humanistas, no los de signo religioso) deben guiar la acción de cualquier gobernante. Frente a esto, hay que desterrar de la acción política el oportunismo, la irresponsabilidad y el maniqueísmo.

En lo empresarial, no me queda otra que volver a reivindicar algo de lo que he escrito mucho en este blog: de la responsabilidad social empresarial, de los emprendedores sociales y de hacer negocios en la base de la pirámide como palanca de inclusión y regeneración.

1 comentario:

Gurb dijo...

Por favor, necesitamos invertir en educación: inversión a largo plazo para que esto no vuelva a ocurrir.