viernes, 24 de septiembre de 2010

El futuro del periodismo I: la prensa




Estos días se ha celebrado en Segovia (España) una nueva edición de Hay Festival, un lugar de encuentro y debate en el que se dan cita, escritores, filósofos, pensadores y periodistas. Una vez más, el debate sobre la situación del periodismo y su futuro ha ocupado gran parte de las intervenciones. No haré una glosa de lo que se ha dicho, pero abro con esta mención porque inicio una pequeña serie de entradas acerca de la crisis y el futuro del periodismo.


El 50% de la solución de un problema está en conocer las causas que lo originan. Hoy, las principales causas de la crisis del periodismo son claras, pero los editores y grupos de comunicación persisten en el error:

El consumidor de información se siente informado picando lo que encuentra en ediciones online de periódicos, blogs, conversaciones en redes sociales y accediendo solamente a aquellas informaciones que dan lo que quiere oír…

…por lo tanto, se reduce la ventana de oportunidad de vender información empaquetada en papel tal cual la conocemos ahora.

La gran fortaleza de los medios impresos reside en el valor de su cabecera, cuya credibilidad es mayor en Internet que las emergentes y sin pasado analógico pero ¿Por qué persisten en dar online una parte y reservando lo mejor para la edición en papel cuando esa información publicada en papel, si es relevante, es inmediatamente replicada y diseminada en el espacio web? Esta actitud de la industria dilata la agonía y retrasa lo inevitable. En la era del hipervínculo solo funcionarán en papel las publicaciones de nicho, las especializadas, las indie y las que añaden valor de estatus al que las muestra en su entorno social. Me refiero especialmente a las publicaciones de moda y la as centradas en productos veblen.

Adicionalmente a este grupo de supervivientes, permanecerán solamente un pequeño grupo de grandes cabeceras capaces de ofrecer en Internet un amplio abanico de información superficial y de servicio, mientras que la profundidad y el análisis quedará para el papel, pero sin replicar contenidos. Cierto es que estas ediciones en papel no se caracterizarán por las grandes tiradas, pero sí tendrá audiencias cualificadas.

La situación actual tiene cierto paralelismo con la aparición de las primeras cámaras Kodak. Cuando estas cámaras se hicieron pequeñas y accesibles, aparte de miedos enormes acerca de la pérdida de intimidad que se avecinaba (los ciudadanos de a pie que empezaron a retratar paisajes y escenas en parques y calles fueron bautizados como kodakers y sobre ellos cayó el peso de la crítica desde los periódicos. Era el fin de ilustradores y el poder de la imagen ya no estaba exclusivamente en sus manos, en la de los editores de prensa ¿No suena esta situación a twitter y bloggers frente a la industria?). Sin embargo, la popularización de la fotografía dinamizó el mundo de los pintores y espoleó el talento de grupos de creadores que pasaron del realismo, naturalismo y costumbrismo a reinventarse y mirar y pintar el mundo desde otra óptica. Los periódicos entendieron que la versatilidad y flexibilidad que otorgaban las cámaras populares añadían valor a su producto. No en vano, la época dorada del periodismo impreso no se concebiría sin el uso de la fotografía que permitió a los lectores enmarcar el contenido informativo y ponerle cara y ojos.

Por primera vez, si el receptor quería, podía consumir información sin hacer el menor esfuerzo intelectual. Esto, la pereza del receptor y los múltiples formatos que empezaron a ofrecer radio y TV, permitieron la emergencia de la comunicación de masas, posiblemente la Idea (me apropio del concepto de Peter Watson) más importante del siglo XX.

Pues bien, hoy Internet y sus tres dioses: buscadores, redes sociales y blogs, son los nietos de los kodakers de entonces y la industria de la prensa vuelve a rugir herida. Esta vez su dolor es más fundado y real que entonces, pero hay salidas. Hace un par de semanas, un amigo y veterano periodista me decía que uno de los fundadores del diario El País le confesaba que si hoy tuviese que fundar de nuevo el periódico, lo haría en Internet y con otra estructura. Posiblemente.

Yo creo que Internet ofrece espacio para el análisis y la profundidad, especialmente gracias al hipervínculo. También creo que el futuro del periodismo pasa por trasladar lo que le hizo grande en papel, pero aprovechando las ventajas de la Red. Es pues una cuestión de contenidos, no de aparatos. Asisto perplejo a la fe ciega que algunos editores o empresarios de la comunicación tienen en los tablets, como si la fidelidad a un medio pasase por el aparato que tiene en las manos y no por el contenido. Es verdad que la experiencia de lectura es importante y a eso contribuye la tecnología, pero si la propuesta de contenidos no completa esa experiencia, tener un tablet, un laptop o un Pegaso Troner encima de la mesa no garantiza tener lectores.

En breve la segunda parte.

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