lunes, 7 de marzo de 2016

El lugar en el mundo de la universidad






El político británico Chris Patten, rector de la Universidadde Oxford, escribió que las universidades deben ser bastiones de libertad en cualquier sociedad. “Deben quedar al margen de cualquier interferencia gubernamental en cuanto a sus propósitos principales de investigación y docencia; y deben controlar su propio gobierno académico”. Ninguna universidad puede convertirse en una institución influyente, reputada y de renombre si carece de algunas de las condiciones a las que alude Patten.

En los tiempos actuales, además de la independencia y profundidad del debate de docentes, alumnos e investigadores, una institución universitaria debe hacer que su debate y sus activos sean globales y abiertos a la sociedad. Para lograrlo, es imprescindible la comunicación. Veamos por qué.

El modelo universitario actual no solamente ha sido víctima de lo políticamente correcto y de la endogamia, ha sido literalmente barrido del imaginario del prestigio en beneficio de las escuelas de negocio. Estas últimas han triunfado porque han aplicado un modelo de negocio empaquetado de modelo académico. Y este empaquetado aspiracional pero elitista, ha propiciado que el modelo universitario aparezca como obsoleto, trasnochado, masivo y carente de influencia.

Sin embargo, no todo está perdido, ni muchísimo menos. La universidad tiene los mimbres, la experiencia, los activos y las herramientas para recuperar su papel estelar en la sociedad del futuro. Para lograrlo, la comunicación académica en su sentido más amplio puede ser la gran aliada de la universidad para que esta pueda recuperar un lugar destacado como actor social de primer nivel.

Vamos por partes. El modelo universitario docente e investigador es el verdadero movilizador de tendencias y avances científicos ¿Alguien conoce algún hito relevante que haya salido de una escuela de negocios con el estudio del caso como bandera? ¡No existe! Lo que ha salido de las escuelas de negocios es un modelo de negocio perfectamente engrasado que cuenta con una red de apoyos entre sus ex alumnos que permite mantener la credibilidad del modelo, pero nada relevante para la sociedad en su conjunto.

La universidad necesita establecer paralelismos con el mundo corporativo en la forma de vender su modelo; debe fijar criterios que permitan comunicar mejor su labor investigadora y los hitos que salen de sus laboratorios y de sus aulas; debe mejorar la gestión de su reputación porque dispone de activos altamente valorados; debe aprender a tejer un buen marketing de sus alumnos y fomentar su sentido de pertenencia a una comunidad que, a la sazón, termina vertebrando el ámbito laboral de cualquier país; debe perfilar y explicar mejor las cualidades de sus docentes y de sus capacidades investigadoras, divulgativas y pedagógicas. En definitiva, la suma de todo ello, permitirá recuperar la influencia de las instituciones universitarias en cualquier país.

Hablando de activos, probablemente unos de los principales con los que dispone la universidad, son la diversidad, la heterogeneidad y la no segregación por falta de recursos económicos. Esto es brutalmente poderoso. Si la universidad logra que no se limite el debate, que se confronten las ideas y las conclusiones de las investigaciones, que estas se evalúen, que los conocimientos se compartan entre los alumnos y que todo esto se comparta con la sociedad, entonces la universidad volverá a estar en órbita. Cuando esto suceda y la universidad sea vista como un lugar de transferencia de conocimiento y motivación hacia la sociedad, entonces podremos decir que la universidad ha vuelto a ocupar su lugar en el mundo. Para lograrlo, la comunicación es indispensable.




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