martes, 9 de junio de 2009

Apuntes sobre las percepciones

Lo primero que aprende un periodista avezado cuando trabaja es que las personas, las empresas o los partidos políticos suelen ocultar más de lo que dicen (blindaje). Lo segundo es que la pauta comercial y editorial del medio para el que trabaja impone sacar de donde no hay y vestir las informaciones, incluso bordeando lo éticamente profesional, para alcanzar un impacto mayor (información creativa).

Poco después aprende el periodista una tercera lección. Empresas, partidos políticos y personas de distinto signo presionan para lograr que sus ocurrencias se conviertan en informaciones publicadas o emitidas por los medios de comunicación (presión).

Blindaje, información creativa y presión. Son los tres lados de un triángulo en cuya área se fraguan los contenidos informativos que los ciudadanos consumimos. La interrelación de las tres actitudes es más escalena que equilátera y su intensidad es irregular, aunque la presión ya se ha convertido en una digna competidora de la información creativa.

La información que consumimos a partir de los medios de comunicación se instala en nuestras conversaciones. La información pasa de una persona a otra, la interpretamos, la adaptamos, la simplificamos y la sesgamos; bien por pereza, ya por interés, bien por cuestiones culturales. La experiencia perceptiva se subdivide, pues, en varias etapas.

Esta información condicionada, simplificada y en ocasiones poco rigurosa, contribuye a configurar imaginarios colectivos, consolida percepciones llenas de lugares comunes compartidas por grandes masas sociales y dinamiza creencias y vocaciones. A este flujo informativo hay que unirle el de los lemas y estéticas publicitarias impulsadas desde las grandes corporaciones. También hay que sumarle acciones sibilinas de comunicación y relaciones públicas promovidas desde organizaciones empresariales y políticas.

Las sociedades contemporáneas son receptoras de avalanchas de mensajes, intencionales casi todos ellos. Estos mensajes y consignas planean, envuelven y se instalan en los individuos menos activos intelectualmente (digámoslo así a riesgo de resultar pedantes).

La persistencia y la intensidad de los mensajes que recibimos desde los medios de comunicación y desde las empresas (a través de diferentes soportes publicitarios y de marketing) influyen más en los núcleos sociales menos preparados (que no en los que disponen de menos recursos económicos). La espiral simplificadora de la realidad y la escala de consumo asociada a la ecuación cuanto más mejor es casi única de estratos sociales acomodados o muy acomodados. Estos mensajes influyen en aquellos que acceden a la información a través de fuentes de fácil consumo: televisión y conversación sobre temas que emanan los medios.

Los especialistas en comunicación de las organizaciones, especialmente las empresariales y políticas, saben que la clave del éxito reside en adaptar el mensaje al medio (simplificación) y proyectar solamente la parte amable (imagen positiva) que no es más que un mero ejercicio de posicionamiento en la sociedad.

Como en cualquier proceso, en este caso asistimos a una espiral involutiva en la que confluyen variables diversas: déficit de conocimiento entre los individuos del sistema social, simplificación de los formatos informativos, relajación en el proceso decodificador por parte de los sujetos receptores, percepciones unívocas o condicionadas, medios de comunicación que progresivamente se impregnan de tintes corporativistas y se pliegan a intereses comerciales e ideológicos concretos,...

Los ciudadanos están inmersos en la dimensión de las percepciones cuando se fían de su periódico de referencia, cuando aceptan como absoluto lo que ven y escuchan en un informativo de radio o televisión. También se sumergen en la dimensión de las percepciones al juzgar la validez de una marca por la hermosa plasticidad de un spot publicitario, cuando deciden comprar un libro inducidos por las críticas favorables o la publicidad abundante en los medios de comunicación asociados a la empresa editora del libro... El mundo de la imagen, cuando entra en la dimensión de las percepciones encarcela voluntades y dicta el guión de lo que la sociedad debe percibir del entorno en el que vive. Los mensajes e imágenes que conforman la dimensión de las percepciones forman parte del saber más que del comprender y de la vivencia más que de la experiencia.

2 comentarios:

Meadow dijo...

Pese a que es probable que el hecho de que se haya publicado en El País le confiera ciertos matices carmesís, me parece que este artículo de análisis político y de políticos es muy interesante.

http://www.elpais.com/articulo/opinion/Liderazgo/tiempos/elpepiopi/20090611elpepiopi_12/Tes

¿Cueces o enriqueces, transformas o tranasaccionas?

MarComPlan dijo...

Meadow. No conocía el artículo, pero me ha parecido una magnífica síntesis de psicología política. Las tipologías de las que habla Álvarez en su artículo tienen ciertas similitudes don el Análisis Transaccional de Eric Berne. Gracias por la referencia. La usaré y difundiré. Un abrazo, amigo.