jueves 10 de septiembre de 2009

El debate masa



Debatir es un arte difícil de dominar. La esencia de un debate pasa por dejar fluir la dialéctica en su sentido más básico: contraponer tesis para avanzar y obtener síntesis constructivas. Debatir es avanzar, llegar a conclusiones mejoradas, convencer con solidez gracias al tictac acompasado que siempre traen las buenas ideas.

He analizado decenas de debates políticos durante años y ahora estoy inmerso en el análisis de debates sociales de diversa índole que surgen al hilo de acontecimientos varios: educación, inmigración, economía, sanidad, etc. Las peculiaridades que caracterizaban el debate político de antaño, elevado, en ocasiones hilarante y de gran carga de erudición, simplemente han desaparecido en beneficio del pensamiento masa.

El pensamiento masa, se caracteriza por la creencia de que el individuo en cuestión tiene ideas sobre las cosas. Esta es la gran diferencia entre el debate dialéctico y constructivo del debate de masas, que es plano e improductivo. Esta diferencia ya la anticipó Ortega y Gasset en La Rebelión de las Masas. Hay que reconocerle su capacidad de anticipación

Antes de la irrupción del pensamiento masa, antes de la aparición de lo que Ortega llamó “la vulgaridad intelectual”, existían creencias, tradiciones, hábitos, refranes, proverbios e intuiciones. No existía un estado de opinión sobre las cosas. Hoy sí, y el estado de opinión es una suerte de rodillo que arrasa el conocimiento real y profundo. En este contexto, las ideas consistentes no tienen encaje, mueren arrolladas por el pensamiento masa o son víctimas de ese 'magnífico' efecto que Elisabeth Noelle Neumann acuñó como espiral de silencio. El miedo al aislamiento social hace que individuos opinen contra su propio juicio o simplemente silencien sus criterios. Esto debilita el avance a través del debate. El análisis de Noelle Neumenn es simplemente brillante.

El pensamiento masa campa a sus anchas y el debate político no ha podido sustraerse a ello. Simplemente no existe. Tampoco existe el debate social en el sentido dialéctico que apuntaba antes. La técnica para vencer (no necesariamente para convencer) pasa por fijar la agenda de contenidos durante la discusión y esta, cuando se torna generalista e ideológica, simplemente conduce a un erial de ideas o a lugares comunes que no favorecen el avance ni tampoco llegar a conclusiones mejoradas. Sí, esas que vienen de la mano de las buenas ideas, las mismas que traen los buenos debates.

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Comunicación e Innovación

Comunicación e Innovación
En octubre de 2007 publicaba con la editorial Fragua (www.fragua.com) el libro 'Comunicación e Innovación'. Esta obra, base de mi tesis doctoral defendida durante el verano de 2003 en la Universidad Complutense de Madrid, aborda la Innovación desde una perspectiva difusionista. El resumen de la tesis puede concretarse en que sin una correcta comunicación, las ideas, hechos o productos novedosos no serán percibidos ni adoptados por los públicos destinatarios. Cierto es que desde finales de los noventa, el concepto Innovación ha sido objeto de mención y tema para libros, pero siempre desde una óptica operativa o semántica. Abordar la comunicación como un elemento comunicable no es habitual, especialmente desde que Rogers y Shoemmaker dedicasen sendas investigaciones a la difusión de la innovación allá por el año 1971. Cualquier persona interesada en el libro puede adquirirlo en librerías especializadas o en librerías online, incluída la tienda virtual de Fragua.