martes, 29 de septiembre de 2009

Periodismo líquido


El otro día me hice con un libro de Zygmunt Bauman: Vida líquida. Me atrajo una cita que el autor hacía de Ralph Waldo Emerson. Dice así: Cuando patinamos sobre hielo quebradizo, nuestra seguridad depende de nuestra velocidad.

Me pareció tan buena metáfora del mundo actual, que no me resistí y ahora ando sumergido en y disfrutando de la lectura de Vida líquida. Escribiré sobre el libro... Dicho esto, y aunque Bauman centra su tesis en el estilo de vida efímero que practicamos, no pude dejar de encontrar una simetría perfecta entre este estilo de vida y la forma en la que los medios de comunicación recogen, procesan y difunden la información que consumimos. La carrera por la exclusiva (sobrevalorada por la profesión), la escasez de espacio y tiempo para empaquetar la información, la superficialidad a la que abocan los soportes el tratamiento de los asuntos de interés y la escasa disposición de los consumidores de información a dedicar tiempo (y, claro, esfuerzo) a profundizar en ciertos temas, ha instalado la calidad periodística en un punto de no retorno. De manera definitiva.


La estructura de los grupos de comunicación y la forma de trabajar en las redacciones induce a patinar a toda velocidad ante el riesgo de que todo se desmorone si algo no sale a tiempo. Es obvio que ha dejado de importar la calidad en favor de la velocidad. Esto acarrea informaciones llenas de erratas, superficiales, poco contrastadas y el trágala de las consignas, recomendaciones y presiones que viene de los núcleos de poder. Este fenómeno lo ha trabajado con acierto Pascual Serrano en su libro Desinformación. Hoy más que nunca, en la era con más impactos informativos per cápita de toda la historia, es necesario que los consumidores de información hagamos un esfuerzo para no dar casi nada por bueno ni por válido.

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