miércoles, 30 de diciembre de 2009

Tomar partido


El planteamiento idealista y formalmente poético formulado por Platón en su famoso mito de la caverna, ilustraba su percepción acerca del saber humano y cómo se alcanza. Platón planteaba que el saber estaba en el interior del hombre y para alcanzarlo debía seguir un proceso ascendente hasta alcanzar el mundo de las ideas. Sugiere, pues, un escenario de conocimiento hedonista y cuasi elitista.

Cierto es también que Aristóteles, como cualquier buen pupilo que se forma en semejante escuela, fue más allá que Platón y apeló al ‘peso de la experiencia’ como motor del conocimiento.

Actualmente asistimos y convivimos en un entorno socioeconómico presidido por la sobrecarga de impactos informativos y publicitarios que nos sitúan ante una potente paradoja: en un tiempo de sobrecarga informativa, sabemos mucho más de lo que sucede en otros puntos del planeta o de nuestro entorno más cercano, pero seguimos desconociendo las principales causas y efectos de esos acontecimientos.

Hay una tendencia ominosa que practican los medios de comunicación que causa nausea. La foto fija y el acento en el drama, en lo lacrimógeno o en lo grotesco; en el maniqueísmo de mostrar siempre buenos o malos.

En un post pasado que titulé Un ejemplo no actual, escribía que el orden informativo actual, la involución en el rigor de los contenidos informativos que ofrecen los medios, ambos sustraen al individuo del conocimiento crítico y lastran el debate cívico. El orden informativo actual nos permite saber, pero no conocer; el orden informativo actual nos impresiona con sus contenidos, pero la impresión y la afección dura el tiempo que tardamos en consumir la información.

El orden informativo actual fomenta falsos estados de conocimiento. Conocer requiere un duro esfuerzo. Es una labor dura pero liberadora a la vez, y la forma más pura de conocimiento no es otra que la experiencia. La experiencia completada por el estudio, las ideas vinculadas a la realidad y pasadas por el tamiz de la reflexión.

Conocer es un camino doloroso y sacrificado, pero pleno y liberador (ya lo escribió Baroja en ‘El árbol de la ciencia’), porque permite alcanzar puntos de vista y juicios más completos. Conocimiento, en definitiva, que es inversamente proporcional a la simplificación propia de las actuales estructuras informativas y publicitarias.

Cierto es que, llegados al punto del esfuerzo por conocer, grupo o individuo que opte por esta vía, contribuye al fomento de los dialogismos intersociales. Al igual que los científicos atienden, escuchan, rebaten, debaten y aceptan o rechazan las tesis de sus colegas a partir de la investigación, esta metodología de ascensión en el conocimiento es lo que debe plantearse la sociedad.

Sería una suerte de debate pleno en el que los intelectuales deben tener un papel esencial. Los intelectuales deben salir de su juego endogámico, deben dejar de escribir para ellos, de hablar para ellos, de criticar para ellos y tomar partido.

Es hora de retomar el planteamiento Feuerbachiano de superar la fase de interpretación de los acontecimientos para tomar partido y cambiarlos. Compromiso con la sociedad, compromiso con el conocer. Dinamizadores del debate que debe erigirse como antítesis del poder actual en una suerte de dialéctica regeneradora.


Vivimos inmersos en una suerte de indolencia. Casi nada nos mueve a la acción. Tenemos la enorme suerte de acceder a casi cualquier punto del planeta física o virtualmente gracias a las nuevas formas de comunicación, pero no pasa nada más. Si la crisis que está azotando de manera tremenda a millones de personas es tan fuerte como parece ¿Dónde está la contestación? ¿Nuestra máxima implicación va a ser ir a ver el nuevo documental de Michael Moore y salir a tomar unas cañas con los amigos, comentar la razón que tiene (o no) y volvernos a casa a mirar para otro lado y a esperar que todo se normalice? Me pregunto qué pasaría si un día cualquiera salieran a la calle a protestar cívicamente (pero con firmeza) los más de 4 millones de parados que hay en España y al menos uno de sus familiares directos o amigos. Supondría un punto de inflexión en la crisis porque las simples leyes de la imitación actuarían en la sociedad con la fuerza suficiente para convertir la pasividad en incertidumbre real. Sí, esa incertidumbre constructiva que genera cambios reales y contagia el cambio. Lo cierto es que este movimiento no es contra gobiernos de turno. Los gobiernos pasan. No es una cuestión de colores políticos ni de ideologías ¿Quiénes son los que quedan?

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